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Encuentro Cristiano - Mensaje
 

El mensaje más importante de todos

 

 



 


AL FINAL DE TODO, ¿ERES FELIZ?

 

Alguna ocasión, caminaba con mi tía por las calles de un fraccionamiento para gente de alto nivel económico en el estado de México y comentábamos cosas acerca de las comunes creencias; yo con mi fe en Cristo y ella, con una reciente afición con la yoga, con curación de colores y pequeñas imágenes de ángeles esparcidas por toda su casa. En una parte de la charla, ella fue muy incisiva respecto a mis frágiles argumentos y a la incapacidad del cristianismo para dar respuesta a las cuestiones fundamentales de la vida.

 

Quedamos en silencio unos minutos y después de caminar un largo trecho juntos me preguntó: ¿Tu que opinas? Yo respondí que, le daba crédito a lo que ella decía y que reconocía la incapacidad de mis argumentos y mi falta de respaldo. Esto hacía que en consecuencia, quedara claro que ella estaba en lo correcto y tenía la verdad, ella tenía la capacidad de trascender, de triunfar, mientras yo me quedaba en la incapacidad de fracasar. Su sonrisa de satisfacción lo decía todo.

 

Pero, en ese momento le pregunte que si, ella estaba en lo correcto, seguramente todas las cosas en su vida estarían perfectas por lo que le pregunte: Al final de todo ¿eres feliz?. Esta vez, su silencio fue tan elocuente como su sonrisa. No, no era, no es feliz. La verdad de un matrimonio con felicidad fingida, de un hijo instalado en la soberbia y desamor hacia ella, una hija amargada y el matrimonio de otro hijo destruyéndose, le cerraron los labios y su situación puede ser la misma de muchas personas que al navegar llegaron a este sitio. A ellas, les lanzo la misma pregunta. Si Dios es una mentira, si solo estamos siguiendo tradiciones, si todos estamos conectados en el universo y no necesitamos de ningún Dios, entonces seguramente siguiendo una vida sin valores, somos felices. Tu, ¿eres feliz? ¿Lo eres?

 

Yo, al igual que mi tía, no era feliz. Llegó el momento de la verdad en el que tuve que entender que mis argumentos eran brillantes pero estériles. Mi destreza verbal era digna de imitarse, pero estaba vacío y es ahí donde apareció Dios haciéndome entender de una manera clara que, solo estando en paz con él, podría estar en paz conmigo mismo. Y llegó la paz. Hable a Cristo en mi corazón y le pedí que entrara en mi vida y se convirtiera en el Señor, Salvador y centro de mi existencia. Y la paz llegó.

 

Escribo esto mientras mi esposa se para en la puerta de la pequeña oficina de la casa y me mira amándome sin palabras cuando nadie pensé que podría tolerarme. Escribo esto mientras Misel, mi primera bebé, pega con todas sus fuerza en alguna pieza de metal amenazando con enloquecerme y así de improviso, siento que estoy en paz y que amo mientras soy amado, algo que, antes de Cristo jamás conocí. Si tu estás en esa misma condición, ven a Cristo, el puede darte toda la felicidad que tu deseas. Pero recuerda, si vas a darte a Dios, tienes que darte por completo, ya que de lo contrario solo estarás volviéndote religioso lo que al final, te acabará destruyendo lentamente.

 

ACEPTA A CRISTO

CONOCE EL AMOR

DISFRUTA DE UNA PAZ COMO EL MUNDO NO PUEDE DARLA