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Libros - Sanidad Espiritual
 

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Sanidad espiritual

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Introducción

Salvación + Sanidad = Santidad

 

Todos sabemos que la muerte de Cristo en la cruz entre otras cosas, nos ha librado del poder del pecado en nuestras vidas. Esta libertad y el sometimiento voluntario a Cristo nos dan la pauta para lograr una vida santa según Romanos capitulo 6, pero, la realidad es que es muy común ver a creyentes no sometiendo, sino siendo sometidos por el pecado.

 

Lo anterior, frustra a los cristianos e incluso les hace dudar de su salvación y les plantea la pregunta que todos los hijos de Dios nos hemos preguntado alguna vez: ¿Por qué no puedo vivir como a Dios le agrada? Muchos, al no poder tener una buena respuesta regresan al mundo mientras otros, viven en una mediocridad espiritual disfrazada de asistencia a la iglesia los días domingo. Pero esto no tiene porque ser así.

 

Una de las causas más frecuentes que frenan la santidad y que es tema de este libro es la falta de sanidad interior, la falta de sanidad espiritual. Las heridas interiores no sanadas, se convierten en piedras de tropiezo y raíces de amargura que nos esclavizan a los pensamientos y actitudes que debimos haber dejado clavados en la cruz con el Señor.

 

Estamos hablando de daño real, de cargas emocionales y de hábitos pecaminosos que se han repetido tantas veces que ni siquiera nos damos cuenta de la forma en que nos están controlando. Es por ello que, cualquier creyente valiente que desea agradar a Dios;, se debe atrever a tener un enfrentamiento consigo mismo para, en un contexto de sana interpretación de la Biblia, sanar sus heridas interiores y en consecuencia, hacer de su vida un testimonio viviente del poder de Dios y no una galería de fracaso espiritual.

 

Pero…

¿Por qué es importante hablar de sanidad espiritual?

 

La introducción pretende contestar a esta pregunta además de resaltar la importancia que tiene el concepto de la sanidad espiritual en la vida del cristiano.

 

La vida como creyentes comienza cuando una persona reconoce y confiesa a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida (Romanos 10.8-9). Esto hace que, el mismo Señor Jesús, cumpla una preciosa promesa de enviar al nuevo cristiano, la presencia literal del Espíritu Santo para que este venga a morar en él (1ª. Corintios 6.19). Esta presencia se convierte en un sello que, en el mundo espiritual ante todo, será una marca de propiedad que significará que los creyentes en Cristo, le pertenecemos a Dios (Efesios 1.13).

 

Una vez que el Espíritu Santo entra a morar en el creyente (lo que sucede en el momento de la conversión), este lo “bautiza” o integra en el cuerpo de Cristo que es la iglesia (1ª. Corintios 12.13). La iglesia, a partir de ese momento, se convierte en el  ámbito ideal diseñado por Dios para que el cristiano se desarrolle y crezca espiritualmente en un proceso de imitación de la persona de su Salvador que es Jesucristo (1ª. Juan 2.26).

 

Este proceso, la Biblia lo llama santificación y es, en términos usados por el apóstol Pablo, el fruto del cristiano, o dicho de otra manera, la forma más directa en que podemos ver “con hechos” que tanto un cristiano ha dejado de serlo de nombre para serlo de corazón (Romanos 6.22).

 

Aquí queda muy bien una ilustración que recibí de parte de mi hermano Rafael Gastelú en un mensaje evangelístico de quién agradezco el permiso para reproducirla: “En una industria metalúrgica donde se procesaba plata para orfebrería, unas personas hacen una visita y realizan un recorrido por todo el proceso que lleva como primera etapa, la purificación de la plata para que esta pueda ser posteriormente procesada.

 

En este punto, una de las personas que hace el recorrido, pregunta a uno de los trabajadores respecto a como pueden ello saber el momento preciso en que la plata está completamente libre de impurezas para poder ser utilizada para la elaboración de joyas.

 

La respuesta del platero es: cuando cualquiera de nosotros se acerca a la superficie de la plata y logra mirar el reflejo de su imagen sabemos que la plata esta limpia.

 

Eso es el proceso de santificación.

 

Cuando llegamos a Dios, este sabe que estamos llenos de impurezas por el tiempo que hemos pasado en el mundo, siendo utilizados para usos deshonestos y no para las riquezas de gloria que existen en Cristo Jesús. Por ello, se inicia un proceso de limpieza que puede durar mucho o poco; este tiempo de duración del proceso dependerá de cuanto dejemos que actúe la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas.

 

De este proceso, lo único cierto es que, cuando una persona se acerque a lo más superficial de nuestras vidas y ahí mire el reflejo de Cristo, se podrá saber entonces que estamos listos para los usos más “finos” que Dios nos haya preparado, pero que, no nos dará cuando no estamos al nivel de pureza para llevarlos a cabo.

 

Continuemos analizando esta lucha para poder desarrollar la imagen de Cristo.

 

Dios sabe que la guerra por el desarrollo o mejor dicho, por la recuperación” de nuestra naturaleza espiritual perdida por el pecado no es fácil. Dios sabe que, el creyente tiene que enfrentar enemigos extraordinarios que superan su capacidad de respuesta espiritual. Entre estos enemigos está el pecado, el mundo, Satanás, y el más poderoso de todos: el creyente mismo; su vieja naturaleza que siempre va a reaccionar a favor de las cosas malas y responderá con rapidez a la incitación que fabrique Satanás para satisfacer sus deseos haciendo a un lado a Dios.

 

Debido a la dimensión de esta lucha, que podemos decir sin exagerar que es sobrenatural y esta por encima de todas las fuerzas del cristiano, este, recibe una ayuda sobrenatural para poder enfrentar la lucha. Esta ayuda sobrenatural es el Espíritu Santo de Dios, guiando, transformando y completando una buena obra en el interior del creyente. (Filipenses 1.6).

 

El Espíritu Santo mora, sella y bautiza, esta es la parte de Dios, la cual se cumple sin importar lo que pensemos o el estado de ánimo que tengamos, pero, la cantidad de control que ejerza este en el cristiano, lo que la Biblia llama la llenura espiritual (Efesios 5.18) esa; depende por completo de cada hijo de Dios. La llenura del Espíritu la he definido en mis notas de clases de teología como: “Experiencia cristiana limitada a los conversos. Se refiere al hecho de que, en respuesta a una total consagración, el Espíritu Santo toma el control de todos los aspectos de la vida del cristiano.”

 

De las cuatro actividades que tiene el Espíritu Santo en relación con el creyente en la presente dispensación, solo esta es una experiencia del creyente. Esto es lo que los cristianos pueden y deben buscar: la llenura del Espíritu, no el sello, la morada o bautizo las cuales son cosas que solo competen a Dios.

 

Y así, mirando al creyente como su propio enemigo, lo vemos capaz de triunfar sobre si mismo gracias al sometimiento voluntario a Cristo y al control y dominio del Espíritu Santo en su vida.

 

¿Y que pasa con los otros enemigos?

 

El mundo, el sistema de cosas que rodean a los cristianos y que los lleva a enfrentar verdaderos laberintos donde su fe y sus convicciones con cuestionadas, también es algo que el hijo de Dios puede enfrentar y vencer. Veamos lo que dicen las siguientes citas de la Biblia:

 

Juan 16.33 nos muestra que el mundo es posible de vencer. El mundo, es algo que ya fue derrotado por Cristo el cual puede dar esa misma victoria a sus hijos. Ahora bien, la base para desarrollar esta victoria es un argumento sencillo y contundente: la fe. 1ª. Juan 5.4-5. El tener una convicción que no se guía por lo que se ve y que tiene una seguridad total en las promesas de Dios, hace que todos los intentos del mundo se estrellen contra un corazón blindado que oscilara a la frecuencia que Dios indique y no de acuerdo a lo que el mundo pretenda.

 

Satanás, el padre de mentira, es derrotado sin problemas si el cristiano mantiene un conocimiento y sobre todo, un razonamiento de la palabra de Dios. Tres citas de las Escrituras  bastaron para hacer retroceder al maligno durante la tentación en el desierto. (Mateo 4). Lo mismo harán con Satanás los cristianos que concienzudamente razonan la ley de Dios y la viven.

 

El conocimiento de la Palabra de Dios, introduce un concepto nuevo en el cristiano, el concepto del blindaje. La armadura de Dios es puesta a disposición de los que desean que las asechanzas del diablo terminen siempre en solo molestias. La vedad, la justicia, el evangelio de la paz, la salvación, la Palabra de Dios y la oración dan al cristiano la fuerza para desarrollar una resistencia que termina haciendo que, Satanás huya del creyente para preparar el próximo ataque que será igual de infructuoso si las condiciones del hijo de Dios se mantienen.

 

El pecado, como tentación convertida en hechos, deja de ser un peligro cuando cancelamos la fuente de la tentación: nuestra propia maldad, la cual, queda controlada cuando a nosotros nos controla el Espíritu.

 

Todo entonces, queda claro. La lucha del cristiano es sobrenatural, difícil, desesperante y permanente en esta vida, pero, con todas las posibilidades para el éxito seguro. Somos los cristianos, vencedores en potencia y la mejor garantía que tenemos de que somos vencedores es la imagen triunfal del Cristo derrotando al mundo y a Satanás en la cruz del Calvario.

 

Es por ello que, para la Biblia, los cristianos pasan de inmediato de la salvación a la santificación haciendo de este proceso un ejercicio cotidiano que cada día los acerque más a Cristo hasta el fin del proceso santificador cuando lo estemos viendo cara a cara.

 

Al principio, se planteaba la siguiente pregunta:

 

Pero, ¿Por qué es importante hablar de sanidad?

 

Y después de la exposición, podemos perfilar la respuesta: la sanidad espiritual es importante porque muchos de los salvos, no están pudiendo, de plano no pueden o ni siquiera quieren iniciar o desarrollar el proceso de santificación. No miramos en ellos el reflejo de Cristo, sino la misma imagen que tenían antes de conocer al Señor, imagen que los tenía esclavizados y destruidos y así mismo siguen, solo que ahora, teniendo una Biblia en la mano.

 

Esto es lo que pretendemos en este libro, hablar de las cosas que nos tienen enfermos espiritualmente. Vamos a hablar de lastres, cargas y lápidas de pecado que detienen y frenan nuestra vida espiritual. Vamos a hablar de que cada una de las cosas que nos someten y detienen nuestro desarrollo espiritual, nos causan heridas y estas, por su propia naturaleza, nos hacen sentir un dolor que en muchos casos paraliza nuestra vida interior.

 

Vamos a hablar de heridas que trascienden las generaciones y se instalan en familias a las cuales continúan hiriendo hasta hacerlas desaparecer.

 

Vamos a hablar de heridas que no deseamos y que nunca pedimos, heridas que nos hacen sentir soledad, odio o resentimiento.

 

Vamos a hablar de heridas que condicionan nuestra conducta y temperamento y que muchas veces, permanecen ocultas ante nuestro estado consciente disfrazándose de falsas intenciones que nos impiden ver el problema que realmente tenemos.

 

Pero sobre todo, vamos a hablar de medicina espiritual, de cuidados intensivos, de cirugías y de convalecencia porque Dios quiere que veamos eso, que veamos el rastro del triunfo que nos puede llevar al Calvario.

 

Todos recitamos de memoria el “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” pero en este libro, queremos que se convierta en una convicción, pero, sobre todo, en una vivencia.

 

Solo resta una advertencia: El maestro nos colocará en la mesa de disecciones, usará el instrumental adecuado y perfectamente esterilizado. Tendrá la técnica correcta para el dolor correspondiente, pero eso, eso nunca va a garantizar que las cosas no nos van a doler o que la recuperación no será difícil. Pero que esto no nos desanime, porque seguramente a la salida de la clínica espiritual está esperando el diablo para susurrar: “no te curaste”, “no has cambiado”, “nunca podrás ser diferente”.

 

Que el enfoque cambie, que la frente se levante, que las manos caídas tomen su fuerza, que la mirada se afirme y que nuestra respuesta sea contundente:

 

Escrito está… Estoy derribado, pero jamás destruido.

Escrito está… Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento

Escrito esta…. Solo siendo fiel sostendré la corona de justicia

Escrito está… Las debilidades me hacen fuerte.

Escrito está… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

 

LONG ISLAND, NUEVA YORK. ESTADOS UNIDOS

VERANO 2006

 

 

 


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