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El reino de los supuestos

 

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Introducción

 

Carlos abrió sus ojos y mirando hacia el techo encontró las mismas sombras que lo habían acompañado durante todo el mes anterior. Se giró hacia la izquierda y extendiendo su brazo, encontró su teléfono celular, lo manipuló y la hora apareció brillante en el centro de la pantalla: 3:40am.

 

¿Cuántas veces en el último mes Carlos se encontró con sus pensamientos de madrugada?

 

Pensó en ello y reparó en el hecho de que sí había dormido más de 3 horas por día era demasiado y su cuerpo, había empezado ya a resentirlo. Carlos no lo sabe pero en un poco más de 36 días ha perdido más de 15 kilos de peso. Las cosas no marchan bien para él.

 

Y de pronto, volvió el dolor y le inundó el interior con tal fuerza que no se le pudo resistir.

 

Lentamente en su cama y recostado sobre su lado izquierdo empezó a encoger su cuerpo hasta quedar en posición fetal y entonces, las lágrimas inundaron sus ojos. Como tantas otras veces en el último mes apretó sus puños con todas fuerzas pero, como tantas otras veces, no sirvió de nada.

 

En medio de su esfuerzo, Carlos percibió su interior y lo que pudo sentir, lo dejó aterrado. Sus emociones iban y venían y el frenesí de pensamientos no le daba nada, no le daba ningún consuelo. En el centro de su alma, percibía una soledad que él podía sentir con claridad que le dolía de manera física. Todo su sistema nervioso alterado le hacía sentir que su cabeza iba a estallar, pensó por un instante que en menos de cuatro horas tenía que levantarse para ir a trabajar pero, eso, trabajar, le pareció algo tan trivial que aún incluso ese pensamiento dejó que fuera abrazado por el dolor.

 

¿Y si muriera?

 

Simplemente tendría que cerrar las ventanas de su casa y encender la estufa de su cocina para que empezara a producirse monóxido de carbono y él lo sabía bien, bastaría solo una hora de tiempo máximo para tener una muerte sin dolor y todo pasaría, porque en cierto sentido tal vez él era el responsable de todo, pero, un par de imágenes lo detuvieron de seguir pensando eso y en su lugar, el pasado regresó.

 

¿Qué hizo mal?

 

¿Qué fue lo que hizo mal?

 

Cuando era una persona sumamente joven siempre pensaba en lo que sería su vida cuando ya estuviera casado.

 

Siempre que pensaba en esto, veía ideas de cosas buenas, cosas gratas, pensaba en planes y  proyectos en los cuales siempre se contemplaba al lado de la persona a la que jurara amar y en su juventud soñaba con un momento íntimo en el cual se veía caminando descalzo a la orilla de una playa tomando de la mano a la mujer que sería el amor de su vida mientras sin palabras, los dos hablaran el idioma del amor al tiempo que observaban una puesta de sol en el horizonte delimitado por un mar que pareciera tan inmenso como su amor.

 

Y su sueño lo pudo cumplir muchos años más tarde pero, el mar no era claro, el roce de la piel era áspero y el sol, el sol jamás tuvo el brillo que él habría esperado.

La pregunta regresó: ¿Qué fue lo que hizo mal?

 

En algún momento de su vida, Carlos conoció el cristianismo y conoció el concepto cristiano de que el matrimonio es un pacto, algo que le pareció fascinante porque siempre había concebido su matrimonio como algo que durara toda su vida, y todo esto se alimentaba por el hecho de que el matrimonio de sus padres había durado más de 50 años hasta que primero su padre y luego su madre fueron siendo llamados a la presencia de Dios.

 

Un pacto, un acuerdo incondicional que no dependiera de las circunstancias, que lo superara todo y en el que se pusieran todas las ganas y se evadieran todos los obstáculos para lograr una relación que permanentemente creciera sin detenerse y pensando esto se casó, pero al parecer, los buenos propósitos no fueron suficientes y al parecer, al proyecto le faltaron buenos fundamentos.

 

En posición fetal, llorando empezando a sentir las lágrimas resbalando por sus mejillas recordó como durante tanto tiempo él tuvo la suposición de que todo estaba bien, que todo estaba controlado, que su matrimonio tenía problemas si, pero no sobrepasaban a los de otros además, después de todo, era lógico suponer que la iglesia cristiana donde se congregaba con su esposa y las convicciones de ambos serían un blindaje que mantendría los problemas alejados pero no fue así, y eso, el peso del fracaso era la más pesada de todas las cargas que él llevaba encima, sin embargo, algo le empezaba a decir que había algo más que era más grande que todo eso pero, si no tenía la idea de que hacer en las próximas horas, mucho menos tendría la capacidad de poder resolver su interior, es más, estaba convencido que su interior lo terminaría destruyendo.

 

¿Qué iba a hacer?

¿Qué hizo mal?

¿Cuánto tiempo más iba a durar todo eso?

 

Junto con todo esto comenzó a pensar si algo en su pasado le había dado las instrucciones equivocadas, si le dio el modelo incorrecto y le marcó un camino torcido para su vida matrimonial pero pronto lo descartó pensando que solo estaba buscando excusas para lo evidente, recordó lo que sus amigos y hermanos de fe le habían dicho en los últimos días y se sintió el Job del Antiguo Testamento, exhibido, incomprendido, alguien a quién se le pedía asumir una responsabilidad total por su fracaso matrimonial y al que no se le consolaba en ningún sentido. No cabe duda pensó, cuando se fracasa, la envidia de muchos se activa y es en realidad estando en la cruz, cuando se conoce que tan íntimamente uno es amado y él, se sentía rechazado, exhibido, avergonzado pero, ¿y si se mereciera todo esto?

 

¿No sería que desde el cielo Dios estaba apuntando toda su ira sobre su vida? Pero, ¿cómo pensar que esto fuera algo que proviniera de un Dios de amor?

 

Más confusión, más tristeza, más lágrimas.

 

El llanto se tornó desesperado, ahora tenía un nudo en la garganta formado por lágrimas mucosidad, desesperación, soledad e ira, mucha ira. Alguien tenía que pagarle por lo que estaba sucediendo, alguien, pero, ¿si ese alguien era él mismo?

 

Por puro reflejo buscó su celular y la hora volvió a aparecer luminosa en la pantalla: 6:10am.

 

Era momento de levantarse, irse a trabajar, era tiempo de sobrevivir.

 

¿Lograría hacerlo?

 

 

 


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