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Teología - La adopción del creyente
 

Estudios bíblicos

Teología y doctrina

 

La adopción del creyente

 

 

Autor:

Hno. Pedro Bu

Colaborador


 

 


La adopción se refiere a la decisión de Dios de hacernos miembros de su familia y ofrecernos todos los beneficios y estándares (éticos) involucrados en el vivir "bajo el mismo techo". Si la justificación trata con mi relación legal ante Dios como un pecador, entonces la adopción trata con mi relación familiar con el cómo juez, yo soy ahora uno de sus hijos a través de la adopción (Gálatas 3.26) y el se ha convertido en mi Padre. En textos distintos - muchos más de los que uno encuentra en el Antiguo Testamento - el Nuevo Testamento asevera que Dios es nuestro Padre especial a través del evangelio y que somos sus hijos. Es en este contexto de una nueva relación que recibimos muchas, grandes bendiciones.

 

Primero. Dios es nuestro Padre, el que a nosotros cuida y  a todas nuestras necesidades. A él es al que Jesús nos ordenó orarle ya que "nuestro Padre celestial sabe cuales son nuestras intenciones necesidades aún antes de pedírselo". (Mateo 6.25-34).

 

Segundo. El nos perdona cuando le confesamos nuestros pecados, ya que es tanto un Padre que es Santo así como alguien quien atiende nuestras debilidades y nos toma de lago para ayudarnos en tiempos de necesidad (Mateo 6.12-14).

 

Tercero. El nos disciplina y nos reprende por nuestros pecados para que podamos compartir de su santidad (Hebreos 12.10). Nos ama tanto que no nos dejará vagabundear por siempre, sino que nos tomará de nuevo y nos acerca a su lado. Ciertamente por su Espíritu nos lleva a experiencias más grandiosas de su santidad y esto es esencialmente lo que significa ser un hijo o una hija de Dios (Romanos 8.14).

 

Finalmente, es a través de nuestra relación con Él como hijos que somos herederos de Cristo, y de Dios, y de todo aquello que abarca la vida eterna que nos ha dado y aún tiene reservado, incluyendo el sufrimiento temporal de la vida presente (Gálatas 4.7; Romanos 8.17). También notamos que esta adopción nos lleva a una nueva vida en la familia de Dios. Debemos imitar a nuestro Padre que nos amo con tan grande amor.

 

Debemos comportarnos como el ejemplo que él nos puso (Efesios 5.1; 1 Pedro 1.15-16). A través de la regeneración somos transformados moralmente y espiritualmente para que podamos vivir como hijos de Dios y no como esclavos que no no conocen a sus amos.