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Estudios bíblicos

Pastores y líderes

 

Otros evangelios

 

Autor:

Hno. Ramón Oliveros Ochoa



 

 


Seguramente en más de una ocasión habrá tenido usted la oportunidad de predicarle a un católico. Y desde luego usted les mostró las citas en donde Dios habla de los ídolos, y aunque la biblia lo diga claramente, esas personas no entendieron ni aceptaron que viven en idolatría. Estará usted de acuerdo en que podemos llegar  con toda certeza a una primera conclusión: Que en su mayoría los católicos son engañados porque no leen la biblia.

 

Leyendo el capítulo 17 de Apocalipsis, para nosotros los cristianos es fácil entender quién es Babilonia la grande, porque creemos que no está hablando de “nosotros”, sino de “ellos”; pero dígaselo usted a uno de “ellos”, igualmente no lo va a entender ni aceptar. ¿Por qué sucede esto? Porque es fácil ver la paja en el ojo ajeno; pero es muy difícil ver la viga en el propio.

 

Pues bien, todos los escritos que he enviado con anterioridad se refieren a errores, fallas o deficiencias que cometemos en las iglesias cristianas (Tito 1:5). Estos mensajes los he estado enviando a miles de líderes cristianos y a muy pocos, poquísimos líderes católicos. Si yo estuviera hablando de “ellos”, seguramente recibiría muchas respuestas manifestando aprobación; pero como estoy hablando de “nosotros”, lo que se ha expresado son el rechazo, el desacuerdo, la reprobación e inclusive la condenación. Yo sé que si las circunstancias sociopolíticas de la actualidad lo permitieran, muchos líderes cristianos ya me habrían excomulgado o metido en el pozo de la cárcel.

 

Por lo que he observado, tengo por cierto que la mayoría de los líderes cristianos vive en idolatría, por edificar la iglesia a su manera, según sus mejores ideas (Jeremías 18:15) o como fueron enseñados por gente venida de otra nación (Jeremías 10:2), de un modo diferente al modelo mostrado por Dios en el nuevo testamento. Con sus hechos le han dicho a Dios: “Tú dices que lo hagamos así; pero eso no funciona, por lo tanto mejor lo vamos a hacer de esta otra manera, porque nosotros tenemos mejores ideas que las tuyas”. Ningún líder ha manifestado haber reconocido a este ídolo de vanidad en su vida, quizá porque me faltó decirlo con más claridad, o por otra razón, no lo sé.

 

Una de las formas más comunes en que se manifiesta este ídolo de vanidad, es en cuanto a que en muchas iglesias solo existen uno, dos o tres ministerios a lo sumo para edificar la iglesia, y los líderes pueden tener sus muy buenas razones humanas para desechar a los otros ministerios; pero están resistiendo y oponiéndose a Jesús, quien quiso constituir 5 ministerios para que, trabajando juntos en equipo, pudiesen perfeccionar a los santos, para que ellos a su vez sean aptos para realizar la obra del ministerio. Por consecuencia, tenemos ministros en funciones de liderazgo que no fueron adecuadamente perfeccionados (Efesios 4:11-12). Y si queremos hablar de un equipo más completo, consideremos también 1ª Corintios 12:28. Esto ya se explicó anteriormente en el tema titulado “Equipos ministeriales completos”.

 

Otra situación muy clara de desobediencia a Dios consiste en que las iglesias viven en una mezcla de ambos pactos, aún  sabiendo que el antiguo pacto de la ley tenía una vigencia temporal (Gálatas 3:19), así como otros aspectos que ya fueron mencionados cada uno en su momento y con el fundamento bíblico correspondiente, sobre todo en los escritos “significado de la ley” y “Esclavos de la ley”.

 

Los organigramas eclesiales que expresan autoridad de unos sobre otros, las jerarquías en las iglesias que son una expresión de la doctrina de los nicolaítas que tanto aborrece Jesús, ya fueron señaladas con anterioridad, así como también la falta de poder de Dios en la gran mayoría de los que se dicen ser sus “siervos o ministros”. Y así sucesivamente, pero nadie ha manifestado reconocer sus idolatrías.

 

El único tema que sí ha recibido muchas muestras de reprobación, es aquel en el que afirmo que el diezmo está derogado, pues fue establecido como obligación en la ley. Los líderes han expresado su preocupación respecto a cómo podría vivir una iglesia o los ministros de tiempo completo sin el ingreso de los diezmos. No les ha preocupado en absoluto que muchos de ellos viven sin el poder de Dios, aunque esté bastante claro que el evangelio del reino no consiste en palabras, sino en poder (1ª. Corintios 4:20, Juan 14.12). Tampoco les ha preocupado el hecho de que por practicar un punto de la ley, están bajo maldición y desligados de Cristo (Gálatas 3.10 y 5:4).

 

Una iglesia donde se manifiesta el poder real y verdadero de Dios, tiene mayores ingresos por concepto de ofrendas voluntarias, que lo que otras puedan recoger a través de la imposición temerosa del pago de los diezmos. Las mismas palabras que los líderes han expresado, demuestran que ellos mismos no confían en que, quitando la imposición obligatoria del diezmo, sus ovejas ofrendarían más abundantemente. Yo ya sabía que el diezmo es un ídolo; pero no creía que fuera tan grande.

 

También he expresado la condición de niñez espiritual en la que viven la mayoría de las iglesias, razón por la cual no pueden recibir la herencia del reino de los cielos (Gálatas 4:1-2), ni siquiera ser adoptados como hijos (Gálatas 4.5). Esta situación de infantilismo es evidente, y consecuencia directa de las desobediencias con que se edifica la iglesia; pero a la mayoría de los líderes en general no parece preocuparles que sus ovejas sean niños por siempre.

 

Ya en los tiempos de la iglesia primitiva, existían quienes perturbaban a los creyentes en Jesús, pervirtiendo el evangelio de Cristo, provocando no solamente que los gálatas se alejaran de Dios al seguir un evangelio diferente (Gálatas 1:7-6), sino también la iglesia de Corinto (2ª. a Corintios 11.4), los hebreos (2.1), la de Pérgamo, la de Tiatira, la de Sardis, la de Laodicea, los cretenses (Tito 1.5 y 10-11), los efesios (1ª. Timoteo 1.3) y otras no mencionadas en las sagradas escrituras.

 

Pervertir el evangelio de Cristo consiste en quitarle alguna de sus esencias, y en agregarle otras cosas que tienen apariencia de piedad; pero son ineficaces (2ª. Timoteo 3.5, Colosenses 2.23). Tal es el caso por ejemplo de la elocuencia, una cualidad humana muy apreciada por ministros y ovejas, que pervierte el evangelio de Cristo pues la fe de las congregaciones se sustenta de esta manera en sabiduría humana y no en el poder de Dios (1ª. a Corintios 2:4-5). La elocuencia es uno de los sustitutos humanos del poder, con la cual muchos líderes están haciendo vana la cruz de Cristo (1ª. a Corintios 1:17).

 

Otra forma de pervertir el evangelio es la automaticidad. Consiste esta en la enseñanza de que todas las cosas buenas que Dios tiene para los creyentes se logran en forma automática. Por ejemplo, a alguien se le invita a repetir una oración, y ya con eso se convirtió instantánea y automáticamente en hijo de Dios, tirando a la basura algunas citas bíblicas que expresan claramente cuáles son los requisitos necesarios para llegar a recibir la adopción de hijos de Dios y las palabras específicas de Jesús que hablan de esfuerzo, de valentía, de lo que cuesta seguirle.

 

Esta perversión de la automaticidad se aplica a muchos otros aspectos: La salvación, la herencia del reino de los cielos, estar sentado en los lugares celestiales, ser embajadores de Cristo, el bautismo en fuego del Espíritu Santo, que ya no vivimos nosotros sino Cristo en nosotros, tener la mente de Cristo, estar en Cristo Jesús, ser uno con el Señor, conocer los misterios de Su voluntad, entrar en el reino, entrada al Lugar Santísimo, ser nuevas criaturas, etc., etc.

 

Es una gran multiplicidad de otros evangelios la que existe actualmente en el mundo cristiano, y estos evangelios pervertidos se predican gracias al sustento económico que proporciona el tan altamente estimado ídolo del diezmo obligatorio.

 

Al igual que los católicos, los líderes cristianos no aceptan ni entienden que viven en idolatría. Es lo mismo que en tiempos del profeta Jeremías o de Jesús. El pueblo de Dios es rebelde y contradictor (Romanos 10:21). Por lo tanto, una segunda conclusión es que los ministros cristianos son engañados, aunque leen y predican la Biblia.

 

Una prueba más de que se han predicado muchos otros evangelios; pero no el evangelio del reino, consiste en el hecho de que Jesús no ha venido todavía (Mateo 24:14). Muchos le ruegan a Jesús: “Ven, Señor”; pero esta es la única señal que no se ha cumplido, por lo cual podemos considerar que hoy no vendrá el Señor. En lugar de pedirle que venga, lo que debemos hacer es predicar ese evangelio del reino.

 

¿Cuál es el otro evangelio que se les predicó específicamente a los gálatas? Se les predicó la ley de Moisés. Este es el otro evangelio más predicado en todo el mundo cristiano, que consiste en que debemos someternos a “algunos” ordenamientos de la ley, desechando a Dios quien nos dice que el que se somete a un punto de la ley, debe cumplirla toda para no hacerse culpable de todos (Stgo. 2.10), para no estar bajo maldición (Gálatas 3.20). ¿Y cuáles son aquellos ordenamientos de la ley que se han escogido para imponerse en las iglesias? Precisamente aquellos que otorgan beneficios naturales a los ministros.

 

Por último, ha sido una experiencia humanamente lastimosa haber entendido que, los líderes que todavía hoy pervierten de una u otra manera el evangelio de Cristo, viven bajo maldición (Gálatas 1:8-9), y llevarán la sentencia correspondiente por perturbar a las ovejas (Gálatas 5.10): “Apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.23).

 

Ministerio de Enseñanza “Nuevo Pacto”

Maestro Ramón Oliveros Ochoa

Agosto 2010

 

Agregado en julio de 2012:

He observado algunas actitudes de ministros “de Dios”, los cuales con sus hechos predican otro evangelio diferente. Algunos ministros les dicen a las ovejas: 

 “Ni saluden al hermano, porque se salió de esta iglesia. Solo díganle que Dios no lo va a prosperar en nada, ni en lo personal, ni en su familia, ni en su trabajo, ni en su ministerio, hasta que vuelva con nosotros, porque Dios lo plantó aquí” (Marcos 9.38-39). De pilón, está maldiciendo.

El pastor se encuentra por casualidad a una oveja, y le dice: “¿Qué pasó contigo, porqué no has vuelto? Y la oveja generalmente responde con excusas, con evasivas. Luego el pastor le dice: ¿Cómo te voy a ayudar, si no vienes conmigo? Con esta actitud, el pastor le está diciendo: “No pienses que yo te voy a buscar, tú debes buscarme a mí” (Mateo 18.12-14).

“Hermana, como su marido no viene a la iglesia, va a tener que divorciarse de él, porque usted no puede tener comunión con un incrédulo” (Mateo 5.32 y 1ª. a Corintios 7.10-15).

“Me has deshonrado delante de mis enemigos”, solo porque la oveja se encontró casualmente con un hermano que se salió de la congregación, y lo saludó, como amigo, como conocido, como cliente, o por la razón que sea (Lucas 9.49-50). Jesús no dijo: “Me han deshonrado por saludarlo”. Así que el ministro se da más importancia que Jesús mismo.

Dirigiéndose a la congregación: “El Espíritu Santo me ha dicho que vendan sus propiedades, vamos a comprar dos hectáreas de terreno para irnos a vivir allá, apartados de esta generación perversa” (Juan 17.15). Y como el Espíritu Santo no puede ordenar algo que sea contrario al evangelio de Jesús, entonces este ministro está en una situación bastante delicada (Mateo 12.31).

Dirigiéndose a la congregación: “Mi esposa y yo vamos a formar una empresa con el fin de contratar a muchos de ustedes, para que ya no trabajen mezclándose con los impíos. Y ustedes, los que son patrones, contraten solamente a hermanos, porque los hijos de Dios no tienen nada que ver con los hijos del diablo. Tengan en cuenta las palabras de 2ª. Corintios 6.14 (Juan 17.15).

“Vamos a formar una institución de asistencia privada (I.A.P.), que atienda a drogadictos, mujeres que sufren violencia doméstica, hijos maltratados. Vamos a atenderlos con gente especialista en estos asuntos (1ª. a Corintios 1.18-19 y 1ª. de Pedro 4.11). En nuestro portal de Internet vamos a pedir ofrendas para este fin tan noble, pues hay muchos gringos, canadienses y australianos que andan buscando a quién ayudar. Y también vamos a conseguir programas de apoyo del gobierno (1ª. a Tesalonicenses 4.11-12).

Jesús no le dijo al joven rico: “Vende todo lo que tienes, se lo entregas a mis discípulos, y ellos lo van a repartir entre los pobres”. Tampoco dijo a sus discípulos: “Recaben fondos con dinero de otros”; pero sí dijo: “Den de lo suyo, y entonces todo les será limpio” (Lucas 11.41).

“Hermano, el Espíritu Santo me ha revelado que usted . . . . . . . . . .  “. Cuando en verdad lo que sucedió es que otro “hermano” le fue con el chisme (Mateo 18.15 y 12.31).

“Hermanos, cuando vengan a la iglesia, vístanse con sus mejores ropas, pues vienen a presentarse no delante de cualquier rey, sino del rey de reyes y señor de señores”. Con esta orden se le está dando cuerda a los demonios de vanidad (1ª. a Timoteo 2.9). Esta cita aplica también a los hombres, y no creo que la ropa nos haga dignos delante de Dios. Y si las mujeres se visten con pantalón (Deuteronomio 22.5) o con blusas escotadas y de tirantitos, y con joyas de diversa índole, no se les dice nada, le están dando permiso a los demonios de impudicia y ostentación para que se paseen en la iglesia, y todavía en ceremonias especiales, se les aplaude.