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Estudios bíblicos

Noviazgo y matrimonio

Las cosas no funcionan

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador



 


UNA PERSPECTIVA ALARMANTE

 

Todos los matrimonios sufren crisis, esto ha pertenecido a todos los ámbitos y a todos los tiempos, pero, sin embargo, hoy más que nunca parece que está creciendo un seria incapacidad para manejar estas crisis lo que obviamente desencadena en matrimonios destruidos, frustración y fracaso.

 

Veamos las cosas desde un punto de vista estadístico.

 

En los Estados Unidos, se registran alrededor de 6500 divorcios ¡al día!, lo que implica más de un millón de divorcios al año. En este país, 6 de cada diez mujeres cuya edad está comprendida entre 30 y 40 años se han divorciado al menos una vez en su vida. De cada 100 adolescentes menores de 18 años, 25 carecen de alguno de los padres.

 

Las cosas en Europa parecen estar en una crisis aún peor ya que se sabe con certeza que, una de cada dos parejas se divorcian. En Canadá 4 de cada 10 parejas se divorcian y en la actual república rusa 70% de los divorcios se producen durante los primeros 10 años de matrimonio.

 

Volvemos con esto al punto inicial. Si bien lo problemas matrimoniales siempre han existido, hoy más que nunca parece que estos problemas están siendo imposibles de manejar por los matrimonios. Las cosas que dividen o crean barreras en el matrimonio parece que no tuvieran solución o, que los cónyuges ya no tienen intención de luchar para resolverlas, lo que denota un cansancio mental, una psicología lastimada y un desgano por los valores morales.

 

Si, como se ha visto socialmente, los matrimonios que se destruyen representan serios problemas en muchos ordenes, es vital que las cosas que hacen crisis en un matrimonio puedan ser puestas en las perspectivas correctas y resueltas de mejor y más rápida manera posible. Pero, ¿Cómo lograr esto? ¿Es posible resolver cosas que no avanzan y en las que ya no hay voluntad de seguir adelante? ¿Qué se debe hacer cuando las cosas no se solucionan?

 

 

PRIMERA PARTE,

LO QUE HACE QUE LAS COSAS NO FUNCIONEN

 

Los matrimonios como cualquier relación social, son entes dinámicos, se mueven, se desarrollan, crecen por lo que, en este estudio es para nosotros muy importante dejar bien claro que, un matrimonio en donde las cosas no marchan bien, no tiene por qué ser un matrimonio donde haya infidelidades, golpes o maltrato psicológico. Esta clase de matrimonios, están en problemas, pero, su condición es la misma de aquellos matrimonios que, han caído en la rutina, en donde nada se dan y donde solo se vive para continuar el día de mañana sin que exista ya nada que los una. Es la misma situación de los matrimonios que han caído presa del desgano o que, han visto cancelada su comunicación por el exceso de trabajo, la intromisión de terceras personas o la excesiva dedicación a los hijos.

 

En esta primera parte, vamos a enumerar una lista de diez cosas que hacen que los matrimonios entren en crisis. Cada una de estas cosas pueden ser destructivas de inmediato o pueden no explotar reventándolo todo, caso en el cual, crean barreras entre la pareja, acabando con la visión conjunta y convirtiendo a los esposos en dos extraños en convivencia.

 

De esta lista, la parte más importante es que, cada pareja la revise, la platique con honestidad y por lo menos de manera personal se acepte la presencia de alguno de estos grandes destructores del matrimonio para que, de esta manera, se vea la necesidad del cambio interior.

 

Los principales destructores del matrimonio son:

 

·   Insatisfacción sexual. Cuando la vida sexual es activa, es necesaria. La sexualidad hace más fuerte el concepto de unidad en la pareja, estimula la unión y da un mayor conocimiento de la persona de la mujer amada. Hay insatisfacción sexual cuando las relaciones no son satisfactorias, cuando las relaciones son ocasionales o cuando se hace un uso deshonesto de la sexualidad.

 

·   Problemas económicos. La falta de liquidez en el hogar provoca tensiones, discusiones y problemas de pareja. Los problemas económicos vienen como consecuencia de una carencia de un plan de vida, falta de comunicación a la hora de tomar decisiones económicas, una necedad en la práctica de ofrendar o por el materialismo desmedido de uno o de los dos cónyuges.

 

·   Concepción errónea del matrimonio. Cuando llegamos al matrimonio, llegamos con “nuestra idea” de cómo van a ser las cosas y, muchas de las veces, pasamos de largo el hecho de que voy a convivir con una persona que no es perfecta a la que no puedo exigirle que lo sea. Además de ello, desconozco que, mi esposo o esposa fue hecha por Dios para ser una ayuda “idónea”. No perfecta, no imperfecta, sino complementaria.

 

·    Sensación de una carencia de aprecio. El vivir con una persona implica por si mismo, un acto de la mayor condescendencia y del mayor amor para con una persona. Implica que, se tiene el compromiso de vivir no solo para corregir o criticar defectos sino para lograr que las virtudes se impongan a los mismos. Es, en esencia, un acto de hacer sentir a una persona especial. Esta sensación de hacernos sentir especiales, se debe conservar a lo largo del matrimonio. De no ser así, la sensación de ser apreciado, puede ser sustituida por la sensación de ser despreciados.

 

·   Una actitud egoísta. La fuente de todo mal es la soberbia. Cuando un esposo o esposa fueron criados con la idea de ser el eje de su propia vida, dichas personas no pueden por naturaleza, poner en el centro de sus corazones a Dios y por ende, no pueden ser capaces de compartir su vida con su esposo o esposa. Pueden ser capaces de convivir con sus cónyuges pero no de compartir con ellos. Siempre tendrán un mundo aparte l que termina provocando las mismas consecuencias que el punto anterior.

 

·    La falta de comunicación. Una relación social cualquiera, para poder sobrevivir se basa en el diálogo de los implicados y no en un monólogo. El matrimonio que no habla de lo cotidiano, de las impresiones del día y de las cosas que a ambos les interesa mostrando genuino interés por el otro, hace que la relación poco a poco empiece a caer en la inapetencia para finalmente morir de rutina y de tedio.

 

·   Interferencia de terceras personas. Si bien las opiniones de todas las personas pueden aportarnos un punto de vista inteligente, solo la pareja debe ser aquella que tome las mejores decisiones. No se puede, en el seno del hogar, defender puntos de vista que no sean propios provengan de quién provengan lo que puede incluir a personas espiritualmente amadas o que pertenezcan a la familia.

 

·   Mal manejo de la personalidad del cónyuge. Cada uno de los esposos tiene una personalidad, cada uno de ellos responde de manera distinta a estímulos distintos. El matrimonio entra en problemas cuando un cónyuge usa o abusa de la personalidad del otro para obtener una respuesta que no es honesta. Un ejemplo de esto es que un cónyuge diga o haga las cosas que enfadan o incomodan al otro.

 

·   Resistencia al cambio. Las condiciones del matrimonio requieren un cambio de mentalidad de los cónyuges. La resistencia de entender que el cambio mueve al matrimonio lo termina paralizando. Veamos la siguiente reflexión: Ayer era novio; hoy soy esposo. Ayer dormí solo; hoy comparto mi cama con una mujer. Ayer aún existía la posibilidad de perderla a otro hombre; hoy se acabó la conquista. Ayer viví con el punto de vista masculino; hoy necesito vivir con el punto de vista femenino también. Ayer no me era lícito tocarla íntimamente; hoy aun el sexo se nos permite. Ayer era responsable por mí mismo; hoy soy responsable por nosotros. Ayer la vi a su mejor; hoy la veo como es normal. Ayer pude ocultar mis malos hábitos; hoy será más difícil. Ayer viví en sueños; hoy empezó la realidad.

 

·   Dejar de pensar en cuarto tiempo. El matrimonio hace que dos personas que piensan en “yo” tengan que empezar a pensar en “nosotros”. La llegada de los hijos hace que el tiempo correcto parece el “ellos” pero, siempre debe ser el “nosotros”. El matrimonio es puro, pero se desgasta fácilmente. Siempre se debe vivir en el nosotros. Los hijos se integran al plan de vida de nosotros, no los esposos se amoldan a su plan de vida.

 

Este sencillo análisis constituye la primera parte de nuestro tema. El valor agregado de esta parte es que, cada cónyuge pueda valorar las cosas que haya hecho mal, las ponga en conocimiento de su esposo y oren juntos por estas cosas. Es importante que nos quede claro que, si tenemos una clara noción de que tenemos alguno de estos problemas lo meditemos incluso sin importar si nuestro esposo o esposa no lo haga ya que de lo contrario, vuelvo a cerrar el ciclo vicioso sobre algunas de las características que se mencionaros.

 

El pedir la asistencia de Dios también debe ser de manera independiente a la conducta que tenga el esposo. Si bien la relación de Dios es de dos, la santificación comienza con un compromiso que inicia de manera personal.

 

Para reflexionar:

 

 

Una señora fue a entrevistar a un médico amigo.

 

- Me quiero divorciar de mi marido - fue la queja de la angustiada mujer.

 

- ¿Por qué? Preguntó el médico.

 

- Porque tiene otra.

 

- Si Ud. se divorcia le hace un favor, pues eso es lo que él quiere.

 

- ¿Qué puedo hacer?

 

- Enamórelo primero y luego se divorcia, aconsejó el médico.

 

- ¿Cómo lo puedo hacer?

 

- Hágale tres elogios por día. ¿Viste bien? ¿Tiene buena presencia? ¿Es cumplidor?

 

Dígaselo.

 

La mujer se propuso hacerlo. Al cabo de algunos meses encontró a su médico amigo, quien inmediatamente le preguntó por su esposo.

 

- ¡Lo logré! Está profundamente enamorado de mí.

- Entonces, ahora déjelo.

 

- No, ahora no, porque yo también estoy enamorada de él.

 

 

SEGUNDA PARTE.

LO QUE HACE QUE LAS COSAS FUNCIONEN

 

La primera parte del tema que nos ocupa, se desea, haya servido para poder ver en una buena perspectiva cuales son las cosas que pueden destruir a un matrimonio. Cada una de estas cosas suele actuar de manera silenciosa y en forma conjunta con alguna otra. Es necesario, tal y como se reflexionaba en el tema anterior, que cada cónyuge haga el valiente esfuerzo de reconocer a cuales de estos destructores del matrimonio ha invitado a entrar en su corazón para, entregarlos a Dios y que la acción de su Espíritu actúe para empezar a modificar las convicciones para que estas ya no den cabida a lo que pueda destruir un matrimonio.

 

En la tercera parte del tema, veremos lo que tiene que decirnos la Biblia al respecto en relación lo que puede hacer que las cosas funcionen en el matrimonio pero, en esta presente parte, vamos a conocer puntos de vista respecto a lo que hace que las cosas en un matrimonio funcionen bien.

 

Partamos de una investigación. Durante los últimos años del siglo XX, dos sociólogos de nacionalidad estadounidense llamados Nick Sinett y Jhon de Fraim entrevistaron a 3000 familias estables para poder investigar sus factores comunes. Su investigación derivo en determinar que existen seis leyes que operan para lograr la felicidad de un hogar. Bajo esta premisa, hemos hecho algunos ajustes para poder obtener seis leyes que determinan la felicidad de un matrimonio. A la perspectiva social que aquí se presenta, añadiremos al final de estudio una séptima ley que, surge de nuestro contexto cristiano y que, dará la pauta de entrada para los principios bíblicos del tema número tres.

 

 

TODO MATRIMONIO QUE FUNCIONA

 

 

1º. CONSIDERA SU MATRIMONIO COMO UNA UNIDAD. Lo que afecta a uno afecta al otro. Nada se hace sin considerar a la otra parte que me nutre y complementa. El matrimonio se concibe como una forma de lograr metas que son conjuntas y no como caminos para lograr metas personales. Los logros, engrandecen a los dos, los fracasos, unen a los dos en una responsabilidad compartida y no en reproches interminables que no conducen a nada y que terminan por desgastar la unidad de la pareja. No existen causas personales, las causas personales en el matrimonio, siempre destruirán a la otra parte.

 

2º. MANTIENE CONSTANTES LAS MUESTRAS DE APRECIO. Los matrimonios que funcionan tienen bien identificadas las cosas que hacen sentir bien a su pareja y las practican constantemente. No se debe emitir una crítica si no va acompañada de un halago, esto, fortalece el concepto de respecto y no daña la integridad de la persona. El aprecio es contrario al ser áspero lo que implica que en el aprecio, las palabras son muy importantes. Se deben evitar palabras agresivas a toda costa.

 

3º. TIENE UN VÍNCULO DE COMUNICACIÓN PERMANENTE. La comunicación es fundamental para la comprensión. Las parejas que no se comunican, no se comprenden lo que implica que, toda pareja que aspire a entender a su cónyuge debe aprender a escucharlo. Se deben buscar los momentos de charla, los despertares en la cama, el viaje en auto. Se deben buscar los espacios para que la comunicación fluya entre la pareja.

 

4º. HACEN COSAS JUNTOS. Parece un comentario trivial el que citamos en este espacio pero es poco atendido por las parejas. Es verdad que cada persona de un matrimonio tiene sus propios intereses que pueden no ser los de la otra parte. El esposo puede sentirse bien mirando una película de guerra mientras el mismo tiempo gratifica a una esposa realizando una manualidad. Hacer esto no es problema, lo problemático es que estas cosas sean las únicas que se hagan. Se debe buscar algo que guste a los dos y que se haga con todo el corazón para agradarse mutuamente.

 

5º. SE UNEN EN LA ADVERSIDAD. Las parejas que funcionan, cuando llegan los problemas buscan soluciones, no buscan culpables. Aquel cónyuge que es favorecido en la solución de un problema además de que recibe una muestra de aprecio, despierta en su interior un compromiso de hacer las cosas de una mejor manera en oportunidades posteriores.

 

6º. LA PAREJA TIENE UNA ESTRUCTURA MORAL DEFINIDA. La pareja tiene bien identificadas las cosas que pueden o no pueden hacer. Están de acuerdo en las cosas que les satisfacen y en aquellas que les incomodan. Esto, hace que todo lo que la pareja lleve a cabo, difícilmente desagradara a la otra parte lo que dará al matrimonio un extra de unidad y fortaleza.

 

Estos, son los seis principios básicos para que los matrimonios funcionen bien y en un contexto de consejería personal, funcionan, pero, en el mundo cristiano, tenemos un detalle añadido que puede dar a estas cosas la consistencia para poder resolver los problemas sin ningún tipo de secuela además de que, con este grandioso aspecto, las cosas se resuelven mucho más rápido. Este aspecto, es mucho más que un concepto, es una persona.

 

7º. TIENEN A DIOS COMO EL CENTRO DEL HOGAR. Todo lo que la pareja hace, todo lo que decide, todo lo que determina, lo hace para dar gloria a Dios y cederle cada vez un mayor control sobre sus vidas. Dios es el centro del hogar de las parejas que funcionan. No importa la opinión de ninguno tanto como importa la opinión de Dios y si este es nuestro concepto del Señor, el mismo concepto tendremos de sus mandamientos los cuales, nos darán en el siguiente tema, la pauta para poder superar nuestros problemas de manera total y que nuestros matrimonios realmente funciones.

 

 

 


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