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Estudios bíblicos

Noviazgo y matrimonio

En palabras de la Biblia

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador



 


QUE VAMOS A ENCONTRAR EN ESTE ESTUDIO

 

Este estudio, forma parte de una iniciativa que surgió en mi congregación (Centro Evangélico Maranatha) de estudiar los pasajes de la Biblia que tratan el tema del matrimonio de tal forma que se pudieran analizar al detalle y ver así que es lo que la Biblia dice con respecto a tan delicado tema.

 

La estructura de este estudio es sencilla, en primer lugar revisamos versículos por versículos los tres principales pasajes que tratan el tema del matrimonio en la Biblia. En segundo lugar se ven después observaciones específicas que están también en la Biblia pero que no tienen la extensión de los primeros pasajes estudiados.

 

Finalmente, estos estudios fueron impartidos por varias personas por lo que, no todos los pasajes fueron desarrollados por quién firma este estudio por lo que, acá solo se encontrará el desarrollo de los temas que fueron de la competencia de quién esto escribe por lo que, invitamos al lector a desarrollar los temas de los aspectos que faltan o a poder buscar información doctrinalmente sana que le ayude en las cosas que no sean tratadas aquí.

 

 

CONVIVIENDO CON UN CÓNYUGE INCRÉDULO

1 CORINTIOS 7

 

El primer pasaje que vamos a estudiar es la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios en el capítulo 7 y, para poder entender este pasaje y no aplicar mal su enseñanza debemos  cumplir con las reglas de interpretación de la Biblia y entender el contexto en el que está escrito este pasaje así que, resumimos este contexto en los siguientes puntos:

 

    Algunos hermanos de la iglesia de Corinto habían enviado al apóstol Pablo una carta con dudas que tenían (1 Corintios 7.1).

    Varias de esas dudas estaban relacionadas con el matrimonio y, la respuesta del apóstol Pablo a esas dudas están registradas a partir de 1 Corintios 7.2.

   El contexto del pasaje (1 Corintios 6) es un pasaje donde Pablo habla acerca del peligro de practicar lo que llama constantemente “fornicación”.

·        

En 1 Corintios la mayor parte de las veces que es utilizada la palabra “fornicación” en realidad se tiene que traducir como  “inmoralidad” por lo que, el apóstol Pablo no solo se refiere en esta carta a las relaciones sexuales previas al matrimonio (que es lo que significa tradicionalmente “fornicación”) sino que se extiende a tratar el tema de una manera mucho más profunda.

Pablo escribe a lectores que, aparentemente habían caído en alguno de los tipos de cosas que podían catalogarse como “inmoralidad” y, probablemente esto era el resultado de que habían abandonado el deber conyugal o sea, las relaciones sanas, periódicas y necesarias con su esposo o esposa.

 

 

EL MATRIMONIO REMEDIO CONTRA LA INMORALIDAD

(VERSICULOS 1 AL 9)

 

Ante la ola tan grande de inmoralidad que azotaba Corinto y que aparentemente afectaba a la iglesia, el apóstol Pablo deja ver que, el matrimonio y las relaciones sexuales dentro del matrimonio eran y son la única fuente de solución para que las personas caigamos en alguna condición de inmoralidad. Con esta idea principal en mente vamos a analizar versículo por versículo hasta donde corresponda a esta parte del tema a su servidor.

 

En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

1 Corintios 7.1-2

 

La frase “bueno le sería al hombre no tocar mujer” parece ser que esa era la pregunta que le plantearon al apóstol más que su opinión por lo que, la lectura del pasaje bien podría quedar como lo registra el Nueva Versión Internacional de 1999:

 

Paso ahora a los asuntos que me plantearon por escrito: “Es mejor no tener relaciones sexuales”.

Pero en vista de tanta inmoralidad…

1 Corintios 7.1-2 NVI 1999

 

Comenzamos entonces entendiendo que, aunque el apóstol enseña la posibilidad de la existencia del don de continencia en algunas personas, eso, no es algo que recomiende para todos por lo que, podemos decir que una condición de celibato sería ideal, pero a causa de las “tentaciones” como dice la “A conservative version” de la Biblia es mejor que cada quién tenga su pareja para que su vida sexual se desarrolle en torno a una sola persona con lo que, desde este punto vemos a Pablo dejando ver bien claro que, el matrimonio es la solución de Dios para la inmoralidad.

 

Este primero punto deja ver, por otro lado bien claro que, la idea del celibato sacerdotal practicada por el romanismo y otras religiones no tiene bajo ninguna circunstancia sustento bíblico.

 

Si el problema era evitar la inmoralidad, podemos decir que, las palabras del apóstol Pablo en los versículos 1 y 2 están dirigidas a dos clases de personas en la iglesia de Corinto, los solteros que, siguiendo una idea griega practicaban cualquier inmoralidad porque creían que no estaba mal a menos que uno “estuviera atado” al matrimonio y, por otro lado a los creyentes que, estando casados, tomaban la decisión de ya no tener relaciones sexuales. Es claro que, una vez que se ha conocido la intimidad física con alguien, el celibato ya no es una opción.

 

Bajo este criterio obtenemos las siguientes conclusiones de enseñanza de los primeros dos versículos del pasaje:

 

El matrimonio es la solución de Dios para que una pareja no caiga en prácticas inmorales del tipo que sean.

·         El celibato o la abstención de relaciones sexuales para dedicar toda la energía al servicio de Dios es una condición ideal pero no practica por lo que a los solteros se les debe invitar a casarse y a los no casados a que se casen para evitar la fornicación.

La condición de celibato es un peligro para quién no teniendo pareja, ha conocido la intimidad sexual ya que esto es motivo de tentación.

Es pecado y condenable que una persona sostenga relaciones sexuales buscando con ello evadir la responsabilidad

matrimonial y en un matrimonio sean los dos creyentes o uno de los dos sea no creyente, no está permitido

que las relaciones sexuales se eviten, no se practiquen o se utilicen como medio de coacción

o chantaje ya que esto puede conducir a la inmoralidad.

 

Ejercicio:

Contéstese la siguiente pregunta:

Si en el pasaje de estudio se está tratando de prevenir la “inmoralidad”

¿Qué tipo de prácticas sexuales caerían dentro de esta categoría?

Obviamente, nuestra respuesta nos dejaría ver bien claro que cosas no pueden practicarse por creyentes porque terminarían haciendo caer su relación en una condición de inmoralidad.

 

Continuemos analizando el pasaje.

 

En los versículos 3 y 4 una vez que Pablo ya puso en alto el gran papel que las relaciones sexuales tienen deja ahora claramente el sentido de que es responsabilidad de cada cónyuge el satisfacer las necesidades sexuales de su pareja lo que nos habla de dos conceptos que poco se analizan en las relaciones sexuales: igualdad y reciprocidad.

 

El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer.

1 Corintios 7.3-4 RV1960

 

Al existir igualdad es claro que en las relaciones sexuales nadie debe ser dominante o someter a la otra persona, las personas “dominantes” en las relaciones sexuales suelen esconden otro tipo de problemas psicológicos así como las personas “pasivas” también las esconden. Ningún ser humano nace con un manual llamado “como tener relaciones sexuales plenas” pero si se piensa que, en la medida de lo que doy recibo (reciprocidad) y que el mismo disfrute que yo tenga lo debe tener mi pareja (igualdad) cada matrimonio logrará encontrar el camino de las cosas que pueden hacer para sentirse satisfechos y poder glorificar a Dios incluso en su intimidad sexual.

 

Aun cuando el tema es amplio, debemos concentrarnos en el tema general para poder ver como Pablo se acerca al fin del tema sobre el celibato que tanto preocupaba a los Corintios.

 

Al advertir Pablo en el versículo 5 sobre la mutua aceptación del celibato eso quiere decir que, en la iglesia de Corintio esta práctica era unilateral lo que además nos deja ver bien claramente que las relaciones sexuales no pueden suspenderse de esta manera en el matrimonio lo que constituye una violación a la igualdad y reciprocidad que Dios reclama para cada persona.

 

La expresión del versículo 6 “digo por vía de concesión” lo único que refleja es que Pablo no deseaba que la posibilidad de no tener relaciones sexuales se observara como una regla y, que, aunque se siguieran sus indicaciones se estuviera practica y practica el celibato. Pablo deseaba que la intimidad de la pareja fuera algo que prevaleciera por encima de cualquier acuerdo mutuo o de cualquier decisión de los dos cónyuges.

 

En el versículo 8 Pablo habla claramente del don de continencia por lo que surge la recomendación general con la que cierra este teman, es muy peligros practicar el celibato si no se tiene el donde de continencia por lo que la mejor condición que una persona podía tener era la misma que el apóstol tenía que por el contexto se asume que él era una persona soltera y célibe lo que hace más resaltar su lucha cotidiana consigo mismo y lo exalta como un gran ejemplo de consagración a Dios.

 

Nunca pongamos en los solteros o las viudas una loza que nosotros mismos no seríamos capaces de llevar. No es fácil estar solo, ya que la falta de suplencia de la necesidad sexual puede y de hecho, ha encaminado a muchos hombres y mujeres de Dios a sucumbir a inmoralidad para suplirse lo que por naturaleza Dios desea darles. El matrimonio es bueno y debe de practicarse y repetirse esto con una muy fuerte convicción a todos quienes podamos decírselo y, el celibato sin don de continencia es sumamente peligroso.

 

No olvidemos que la inmoralidad es puesta a raya por el matrimonio.

 

 

EL DIVORCIO ENTRE DOS CONYUGES CREYENTES

(VERSICULOS 10 Y 11)

 

En términos generales, diríamos que el versículo 24 de 1 de Corintios es el resumen de lo que Pablo quiso enseñar a los cónyuges ambos creyentes, a los cónyuges uno incrédulo o a los creyentes con otra vocación. La idea general es cada quién debe permanecer en el estado en que fue alcanzado por Dios. Los creyentes no debemos imponer ninguna carga a las personas que llegan a Cristo, su crecimiento espiritual y la acción del Espíritu en sus corazones les irá mostrando lo que espera de cada uno de ellos.

 

Pero, en esta idea de querer aclarar las dudas sobre el matrimonio Pablo aborda en lo que hoy son dos versículos una expresión concreta sobre la temática de la separación en el caso de los cónyuges donde los dos son creyentes.

 

Pero a los que están unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer.

1 Corintios 7.10-11 RV1960

 

Antes de hacer algunas precisiones es bueno tener en cuenta unas cuestiones culturales que nos permitan entender por qué Pablo fue dirigido por Dios para escribir de la manera que lo hizo:

 

    En la Palestina de Pablo, las mujeres podían “separarse” de sus cónyuges varones pero, no podían promover un divorcio legal. En la sociedad romana, cualquiera de los dos cónyuges podía promover el divorcio. Se daban casos de divorcio unilateral en donde una persona (mujer) recibía la promoción del divorcio sin desearlo.

     Aunque en el versículo 10 aparece la palabra “separe” y en el versículo11 aparece la palabra “abandone” ambas palabras hacen lingüísticamente se refieren a “una separación” y ambas eran usadas para referirse al divorcio legal.

 

  

Mando no yo, sino el Señor

 

Cuando el apóstol Pablo usa esa frase no quiere decir que lo que va a aconsejar tiene una mayor autoridad sobre lo que aconseja en otros lados. Simplemente quiere decir que lo que va a aconsejar está basado en algo que ya el Señor había mandado y, que en este caso hace referencia a Marcos 10.2-12, Mateo 5.32 y 19.6-9 esto, es lo que manda el Señor.

 

Que la mujer no se separe del marido

 

En términos generales podemos entonces mirar que Pablo insta a la mujer cristiana a que no se separe de su esposo y, si la mujer desea pasar por encima del mandamiento del Señor y separarse aún en caso de adulterio del esposo, el hecho de que ella sea la parte inocente no le da derecho a volverse a casar con otra persona.

 

Que el marido no abandone a su mujer

 

Por otro lado, al marido se le dice claramente que no tiene argumento para abandonar a su mujer. Diríamos que, en términos generales, Pablo defiende el mandato del Señor de que el divorcio es una concesión de Dios para evitar problemas mayúsculos por lo que no debe buscarse más bien debe evitarse por medio de la reconciliación y el perdón. No debemos olvidar que, Pablo desea hacer entender a los Corintios que no con cualquier pretexto se tramitaba un divorcio.

 

En caso de que esto se diera, Pablo apelaba entonces a que los solteros (solo por causal de adulterio) se mantuvieran célibes pero, si no tenían el don de continencia debían casarse.

 

Polémico tema, pero, aún faltan más pasajes para complementarlo.

 

 

EL MATRIMONIO DE UN CREYENTE Y UN INCRÉDULO

(VERSICULOS 12 AL 16)

 

Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en vivir con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios. Porque ¿qué sabes tú, oh mujer, si quizá harás salvo a tu marido? ¿O qué sabes tú, oh marido, si quizá harás salva a tu mujer?

1 Corintios 7.12-16

 

Pablo ahora atiende la situación de un creyente casado con un o con una incrédula lo que lo deja ver la frase “y a los demás”. En este caso, Pablo aplica una regla general que es considerar el divorcio como una concesión y no como una ordenanza lo que debe quedar como un principio básico inalterable al abordar el tema relacionado con el matrimonio de creyentes con incrédulos.

 

Pablo dice que manda él, no el Señor. Esto, recordemos que lo único que quiere decir es que Cristo en su ministerio terrenal no se pronunció sobre el tema por lo que Pablo lo aborda con la misma autoridad espiritual que el Señor lo hizo.

 

¿Por qué el divorcio debe evitarse en estos casos?

 

La respuesta la da el mismo apóstol, porque, el cónyuge creyente puede ser un canal de gracia para el incrédulo (versículo 14) tal y como sucedió con Jacob en la casa de Labán o como sucedió en la casa de Potifar a causa de José. Es por ello que, esta gracia se convierte en algo que alcanza a los hijos los cuales tienen la posibilidad de vivir para Dios (santos) pero, si el divorcio sucede entonces los hijos puede ser rechazados por Dios al decidir vivir alejado de Él.

 

El versículo 16 finalmente deja claramente marcada la idea de que, el creyente no debe buscar el divorcio con su cónyuge no creyente porque, además de que es un vehículo de santificación para su matrimonio puede ser un vehículo de salvación lo que le convertiría en el medio para salvar el alma de su cónyuge con lo que su matrimonio caería dentro de la categoría que manejan los versículos anteriores.

 

Tal y como sucede en el caso anterior, Dios por medio de Pablo abre una posibilidad al decir que, el divorcio puede observarse en el caso de que el cónyuge incrédulo ya no quiera mantener la relación con el creyente. En esos casos, el creyente debe hacer lo que mejor haga que se mantenga un vínculo de paz con la persona incrédula.

 

Finalmente, aunque no se menciona nada con respecto a que debe hacer el cónyuge creyente después de dicha separación, creemos que, tiene su lógica el pensar que, debe observar las mismas condiciones que se piden para el caso del matrimonio que se disuelve donde los dos son creyentes.

 

 

EL MATRIMONIO EN CRISTO

LA CUESTIÓN DE LA SUMISIÓN

EFESIOS 5.21-33

 

Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.

Efesios 5.21-24 NVI

 

Pablo en Efesios trata el tema del matrimonio pero, como sucede en Corintios lo hace en medio de un contexto mayor en donde habla de un tema más importante que le sirve como base para poder tratar un tema por demás delicado en la iglesia de todos los temas: el matrimonio.

 

Ese tema general es la conducta en la iglesia tema que trata Pablo en los capítulos 4 al 6 de la carta a los Efesios y, en el contexto inmediato anterior a hablar del matrimonio (que obviamente lo relaciona con la iglesia) viene hablando de cuatro resultados que en la iglesia deben manifestarse de estar llenos del Espíritu.

 

Estos resultados son una comunicación entre creyentes con salmos, himnos y cánticos espirituales, una comunicación con el Señor cantándole y alabándole, una postura de continuo agradecimiento a Dios y una actitud de sometimientos los unos a los otros y ahí, ahí entra el tema del matrimonio.

 

Esto nos lleva a una primera conclusión antes de abrir el tema. Si el contexto del pasaje es la llenura del Espíritu es porque Pablo está entendiendo que solo estando llenos del Espíritu Santo es posible someterse unos a otros, así que, en un matrimonio en donde uno de los dos cónyuges o los dos estén buscando su propia voluntad es imposible que se observe este principio por lo que está llenura debe ser una condición previa.

 

Ahora, el análisis del pasaje exige que definamos correctamente el término sumisión que no tiene relación alguna con el término sobajamiento. La sumisión es la decisión voluntaria de servir a los demás estando bajo su autoridad renunciando a dominarlos, evitando además exaltarse a sí mismo por encima de los demás, esto, es lo que Dios espera que venga de la mano de los creyentes.

 

Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor.

 

Se ordena a las esposas llenas del Espíritu Santo que se sometan a sus esposos llenos del Espíritu Santo y lo hacen entendiendo que lo están haciendo hacia Dios lo que en un sentido se convierte en un servicio hacia su Señor. Dos aclaraciones que son importantes haciendo hermenéutica es que primero, la mujer nunca debe someterse a su esposo como lo hace con Dios porque esto sería idolatría y, segundo, la mujer nunca debe someterse a su esposo en aquellas cosas que Dios prohíbe porque entonces sería irreverencia.

 

Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo.

 

La lectura complementaria que está arriba aclara más las cosas para el esposo que para la esposa. Es obvio el mandamiento de sumisión para la esposa pero, al esposo se le invita a ser como Cristo para lograr esa sumisión y Cristo es cabeza y salvador.

 

Cualquier varón que piense que Dios defiende la tesis de la superioridad del hombre está en el más grave de los errores de interpretación bíblica. Dios defiende claramente la tesis de la mayor responsabilidad del varón. La esposa se someterá cuando el varón “sea cabeza”, cuando realmente manifieste el ser una fuente de dirección, una guía de orientación hacia Dios, un camino bien trazado que garantice espiritualidad y sensatez en cualquier momento, un ejemplo de sumisión a Dios y su voluntad.

 

Además Cristo es “el salvador” de la iglesia por lo que se espera que el varón sea toda proporción guardada “el salvador” de su esposa. Un salvador es alguien que rescata, que evita un daño mayor. El esposo al inicio de una relación debe ser la más fuerte influencia espiritual para su esposa como ella después lo será, pero, esa influencia debe rescatar a la esposa, ayudarla a superar sus propias deficiencias, sus propias carencias de su tiempo de infancia, el darle las herramientas para ser una mejor mujer.

 

Solo siendo “cabeza y salvador” el hombre puede pedir o exigir sumisión, por lo que, creemos la figura del hombre espiritual al frente de un hogar se vuelve una necesidad y una urgencia para Dios.

 

 

AMOR Y ENTREGA

(EFESIOS 5.25)

 

Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,

Efesios 5.25

 

Queremos insistir en el hecho de que en este pasaje Pablo da la idea central de que Dios espera del hombre amor y sacrificio y de la esposa sumisión y respeto lo que de esta manera puede dar al matrimonio el equilibrio necesario para ir sorteando la las circunstancias difíciles en la vida.

 

Luego de esto, la sección anterior nos deja ver que el apóstol Pablo dirigido por el Espíritu Santo se concentra en la forma que puede tomar el amor y el sacrificio del varón. Estas manifestaciones nos dejan ver que, el hombre con su esposa debe ser “cabeza” de su esposa y el “salvador” de su esposa ya habiendo explicado lo que implican estas circunstancias. A estas, se añaden dos más en la cita que nos ocupa, el hombre debe “amar” a su esposa y “entregarse” por ella. Vamos a tratar de entender a que se refieren estas dos cosas.

 

Para explicar el amor del esposo a su esposa, Dios usa una expresión que puede sin lugar mucho trabajo significar “un festín de amor” y que es la palabra griega “ágape” lo que implica que, el varón siempre debe darle a su esposa “un festín de amor” y, curiosamente esto que Dios pide al hombre es lo que más trabajo le cuesta a este. Estas palabras entonces, presentan al varón como el gran manifestador de amor como la parte que debiera ser la más activa en el matrimonio.

 

Para la expresión “entrega” se usa la palabra “paradídomi” que significa rendirse con la idea clara de ceder así que las implicaciones son claras, el hombre debe luchar contra lo más grande que el hombre tiene que es su ego para rendirse a las opiniones o las ideas de su esposa las cuales pueden ser sin lugar a dudas fuente de la voz de Dios, aunque queda claro que, esta rendición no puede por ningún motivo usurpar su rol de cabeza del hogar lleno del Espíritu Santo y no puede hacerse si con esto se quita a Dios el rol que debe tener de autoridad sobre el hogar.

 

 

UNA ESPOSA GLORIOSA

(EFESIOS 5.27)

 

a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.

 

Llegamos casi al final de la disertación de Pablo en donde nos habla de que la primer condición para que un matrimonio pueda mantenerse en una línea de apego total a la voluntad de Dios es que ambos estén llenos del Espíritu Santo. Un esposo lleno del Espíritu Santo sin problema muestra amor y sacrificio por la esposa mientras que, una esposa llena del Espíritu Santo sin problema muestra sumisión y respeto hacia su esposo.

 

Estas dos cualidades que manifiesta el varón, Pablo se ocupa de desglosarla en 9 acciones que deben estarse ejecutando ya que ellas por si solas, mueven al varón a una condición de mayor influencia de parte del Espíritu Santo lo que hace al varón un coadyuvador del trabajo que Dios desea realizar en él.

 

A partir del versículo 25 Pablo dice que el varón deben ser cabeza de la mujer y el salvador de ella de sus emociones, de su integridad sentimental. El varón debe ama a su esposa y entregarse por ella al grado que ella perciba que él se está sacrificando por ella. El varón santifica a su esposa y la purifica convirtiéndose él en una figura del Espíritu Santo que hace a su esposa una mujer mucho más espiritual.

 

Esto nos deja en el versículo que nos ocupa el versículo 27 que nos dice las dos últimas cosas que el hombre (esposo) debe hacer por su esposa. El varón debe presentarse a sí mismo a su esposa (se utiliza la palabra griega parístemi que literalmente significa “estar junto a”. Una buena construcción del pasaje sería decir que, Cristo hace lo que debe para que la iglesia se presente “radiante para él”.

 

Esta facete de acción del varón la enfocaremos mejor si contestamos una pregunta: ¿Cómo puede un hombre hacer que una mujer se vea radiante? ¿Qué hace que una mujer “irradie” algo que la haga verse plena? Sin lugar a dudas, la respuesta a estas preguntas requeriría una enciclopedia por lo que nos concentraremos en un punto obvio. Para poder hacer que una mujer sea radiante, el hombre debe conocer a la mujer que hará irradiar para que pueda conocer los puntos de estímulo que hagan que su esposa se sienta plena, pueden ser estímulos emocionales, materiales o incluso de carácter sexual pero, a final de cuentas hablamos de cosas que harán a una mujer, una mujer que muestre felicidad lo que puede ser un buen punto para combatir el malhumor y la amargura que tan constantemente el diablo logra implantar en el corazón de una mujer.

 

La segunda cosa es que Dios desea una iglesia cargada de perfecciones que se ilustran con la frase “sin mancha” lo que habla de algo que no tiene defecto, El varón en consecuencia debe encontrar las cosas que estén en sus manos que permitan a su esposa mantenerse “limpia” para él y sobre todo “limpia” para Dios y, esta orden es dada al varón debido a que, debido a la riqueza emocional de la mujer le resulta más fácil engancharse en cosas que le afectan interiormente lo que no debe permitir el varón. Sin lugar a dudas, es muy dura la labor del varón pero los resultados de “ayudar” a que su esposa sea una persona llena del Espíritu Santo le pueden devolver al varón cosas a favor que ni siquiera él puede imaginarse.

 

 

 


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