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Noviazgo y Matrimonio - El divorcio

Estudios bíblicos

Noviazgo y matrimonio

El divorcio

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador



 


SEÑAL DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

 

Los tiempos modernos no son fáciles. Se nos anticipó en las Escrituras que, a causa de la maldad, el amor de muchos se enfriaría y eso es lo que está pasando. Por todos lados, vemos una pérdida de valores galopante que golpea todas las áreas de la sociedad y, en una de ellas en donde se nota más esto es en el matrimonio.

 

Los principios sobre los cuales se fundamentaban los matrimonios pareciera que se están resquebrajando. Fuera de la iglesia, pero cada vez con más frecuencia dentro de la misma, los matrimonios buscan en la separación definitiva una solución a sus diferencias las cuales consideran “irreconciliables”. Se mira a los matrimonios de ataño con nostalgia y de, manera superficial se llega a afirmar que, estos matrimonios mantuvieron su unidad a costa de su felicidad, lo que en gran medida es cierto, pero sería muy superficial afirmar que, es mejor estar separados que infelices ya que, cualquier separación de cualquier relación crea infelicidad por si sola.

 

Lo que no es para nada superficial es el hecho de que, cada vez más vemos al esposo y a la esposa alejarse del modelo bíblico que debe cumplir con lo que se da origen a la mayor cantidad de problemas en la relación matrimonial. En este estudio, nos alejamos de los causales para concentrarnos en la decisión del divorcio por lo que, es buena recomendación para el lector se busque un buen referente bíblicos para estudiar estas causas. A tal efecto, recomiendo mi curso corto, el matrimonio según Dios.

 

 

EL ANTECEDENTE BÍBLICO

 

Como puede ser supuesto, el primer antecedente bíblico al que podemos referirnos en cuestión de divorcio lo encontramos en el Antiguo Testamento estipulado en la ley de Moisés, registro jurídico y religioso que, regía la vida social del pueblo hebreo. La ley, como régimen de salvación por obediencia que tenía el propósito de demostrar que, ningún hombre podía cumplir la ley de Dios nos es útil ya que nos permite ver las cosas que Dios hacía para ayudar a la ineficiente moral del hombre.

 

La ley de Moisés permitía al hombre divorciarse de su esposa por encontrar en ella alguna cosa que no fuera honorable (Deuteronomio 24.1). Esto, debe quedar claro que fue permitido solo para proteger a la mujer del capricho del hombre que, separándose la quisiera volver a tomar (Deuteronomio 24.4). Esto nos permite dejar bien en claro algo:

 

La intención de Dios por medio de la Ley no era promocionar el divorcio, más bien, la intención de Dios era prevenirlo

 

El esposo que buscara el divorcio, tenía que entregarle a su esposa una “carta de divorcio” que era un documento público en donde a la mujer se le concedía el derecho de poder volver a casarse sin tener que sufrir ningún tipo de consecuencia.

 

Al ser necesaria la carta de divorcio, este, era un evento que tenía que ser conocido por todo el mundo con lo que, se pretendía, se desalentara el mismo.

 

Ahora, entre las cosas que se consideraban “indecentes” y causales de divorcio, estaba el adulterio, lo que se castigaba con apedreamiento, el hecho de que un hombre pensara que s esposa no había llegado virgen al matrimonio lo que, si se comprobaba conducía también a la muerte (Deuteronomio 22.13-21). Ahora, la mujer, en estos casos no quedaba en manera alguna desprotegida ya que, por ejemplo, en este segundo caso, si la acusación del esposo era infundada, el tenía que pagar el doble de la dote al padre de la novia con lo que también se buscaba desalentar el divorcio.

 

La mujer que recibía una carta de divorcio podía volverse a casar con cualquier hombre menos con un sacerdote pero, no con quién había sido su primer esposo ya que, se consideraba que con este había cometido adulterio (Mateo 5.32).

 

Ahora bien, insistimos en que, todas estas medidas buscaban desalentar el divorcio ya que el repudio que el hombre pudiera hacer de su esposa era considerado como algo muy ruin en la moral de Dios lo que este reflejo en Malaquías 2.16.

 

           

LA REINVIDICACIÓN DE LA LEY

 

Al manifestarse Cristo en la tierra, pudimos saber con total certeza la opinión de Dios acerca del divorcio y esta tiene muchísimas vertientes de reflexión. Son cuatro citas de la Biblia donde Jesús abordo en divorcio y en solo dos de ellas lo aprobó bajo la causal de divorcio.

 

Las dos citas que nos hablan del divorcio aparentemente permitiéndolo son Mateo 5.32 y Mateo 19.9. En ellas, parece que escuchamos a Jesús aprobar el matrimonio por parte del esposo con la observación de poder hacerlo solo por causa de adulterio con la consecuente condición de ilegalidad en caso de poder formar otra familia por parte de cada uno de los esposos que se divorciaran.

 

Lo curioso es que, esta posición “favorable para el hombre” en las otras dos citas parecen imponer una fuerte carga sobre él afirmando que, el divorcio no está permitido. Marcos 10.11-12 y Lucas 16.18.

 

Dios entonces, ¿está o no a favor del divorcio?

 

La mejor interpretación debe tomar en cuenta un punto fundamental de Jesús sobre la enseñanza del divorcio que se denota en una conversación que sostuvo con los fariseos y que se encuentra registrada en Marcos 10.5-9 y Lucas 16.18. Este punto tiene que ver con la realidad de que el divorcio es contrario al plan divino de Dios para el matrimonio.

 

Translitero el comentario de la Enciclopedia Ilustrada de la Biblia: “Jesús permite el divorcio por solo una razón “inmoralidad” o sea, “relaciones sexuales ilícitas”. Su pensamiento es claramente que la persona disuelve su matrimonio al crear una unión sexual con alguien que no es su cónyuge. En ese caso, la carta de divorcio sencillamente refleja el hecho de que el matrimonio ya ha sido roto. El hombre que se divorcia de su esposa no la hace “adúltera” porque ella ya lo es. El divorcio por falta de castidad usualmente deja libre al cónyuge inocente para que se case sin incurrir en el adulterio (Mateo 19.9) pero algunas veces esto se pone en tela de juicio.

 

Aún cuando Jesús por adulterio, no lo exigió. Justo lo contrario: insistiendo en que le divorcio trastorna el plan de Dios para el matrimonio, abrió la puerta al arrepentimiento, al perdón y la sanidad del matrimonio infiel, así como lo hizo en el caso de otras relaciones plagadas por el pecado. La reconciliación fue la manera de Jesús para resolver los problemas matrimoniales”.

 

A esto añadimos que, en el Nuevo Testamento, las cosas realmente no cambian en nada, ya que el apóstol Pablo, deja ver que, el cónyuge que recibe un repudio, debe tener libertad para formalizar su divorcio (1ª. Corintios 7.15) aunque, nos debe quedar bien claro que, esta observación Pablo la hace a persona que, antes de convertirse se habían casado con incrédulos ya que, se puede ver que, de una manera bien fehaciente Pablo manda a los creyentes, casarse solo con creyentes (1ª. Corintios 7.39; 2ª. Corintios 6.14-18).

 

Esto no debe considerarse como contradicción alguna ya que Pablo está hablando a gentiles mientras que Jesús hablaba a lo que interpretaban mal la ley.

 

 

CONCLUSIONES

 

Varias son las cosas que podemos concluir por medio de este estudio.

 

Primero. El divorcio no es una idea necesaria cuando cada uno de los cónyuges cumple con los requerimientos de Dios para su vida. En palabras sencillas diríamos que, en un matrimonio en donde las cosas marchan bien, nadie piensa en separarse.

 

Segundo, Antes de pensar en el divorcio, los esposos deben comprender lo que en verdad es el matrimonio. Esto les ayudará a entender que, ejercer el divorcio es atentar contra una institución divina por lo que, de aceptar practicar el divorcio, se debe estar dispuesto a aceptar sus consecuencias y todo lo que de ellas emane.

 

Tercero. Los solteros mucho evitarán enfrentar esta clase de cargas si buscan anhelantemente unir sus vidas solo con aquellos con quiénes Dios aprueba su unión, esto es, con otros creyentes. Los cristianos que deciden unir sus vidas con un incrédulo, aceptan la carga de que deberán dar un buen testimonio para convertir a sus esposos además de que no les queda a ellos permitido pensar en disolver su relación.

 

Cuarto, Muchos de los problemas de una pareja son consecuencia de la “toxicidad” que ambos tienen consecuencia de vivir pensando solo en sus diferencias. En estos casos, una separación temporal puede hacer que se revaloren las cosas para ejercer el perdón. Pero, llegar a la separación permanente se convierte en una decisión de cada pareja pero debe ser esta, la última opción y esto, después de haber agotado todos los recursos posibles para salvar su relación.

 

De lo antes citado, resaltamos la claridad con la que Dios, dejo ver que, el divorcio no procede de él ni entra como parte de su plan para el matrimonio.

 

Llegar a una victoria en contra de los pensamientos de divorcio mucho depende de que tengamos esto en mente y que vivamos un proceso de apoyo y consejería con quién realmente valga la pena hacerlo.

 

 

 


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