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Exhortación - Las visiones de Ezequiel

Estudios bíblicos

Exhortación y disciplina

 

Las visiones de Ezequiel

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador






LAS CONDICIONES DEL PROFETA

 

El profeta Ezequiel vivió durante un tiempo de durísima crisis nacional para Israel. Él mismo era un exiliado en Babilonia que vivía con cierta libertad y que conociendo de cerca el sacerdocio levítico, levantaba voces al pueblo relacionadas con la santidad del templo, sus símbolos y practicas, demandando al pueblo una conformidad con la esclavitud que se vivía.

 

Muchos de los mensajes de Ezequiel fueron dirigidos denunciando la maldad que había llevado al pueblo a la esclavitud y otros más fueron sermones basados en vivencias personales del profeta, pero hay uno que parece unir las dos cosas, una denuncia de maldad, junto con la vivencia de algo que estaba pasando en la lejana Jerusalén y que explicaba con mucho la ira de Dios.

 

 

PECADO EN JERUSALÉN

 

Este relato inicia en Ezequiel 8 en donde el profeta mira una figura divina que le transporta hacia Jerusalén y le pide mirar al norte (Ezequiel 8.5) donde el profeta mira una imagen que provoca los celos de Dios en la misma puerta de entrada al altar lo que representaba una seria afrenta para la santidad del Señor, pero, a Ezequiel; se le promete que abominaciones mayores vería.

 

En la segunda visión, Ezequiel es llevado al atrio y se le pide que mire hacia dentro en donde se le muestra una puerta (Ezequiel 8.8-9) que se le pide abrir, dentro de la cual, el profeta ve a los ancianos del pueblo adorando ídolos repugnantes, esto representaba además de una afrenta, un desprecio hacia Dios, pero, a pesar de todo, se le advierte a Ezequiel que abominaciones mayores vería.

 

En la tercera visión, el profeta es llevado a la puerta norte del templo donde logra mirar a unas mujeres sentadas llorando por el Dios Tamuz por lo que, a la afrenta y al desprecio, el pueblo añadía una burla al hacer a otros dioses no solo motivo de su adoración sino de toda su confianza. Las cosas secretas en resumen, consumían de maldad a Israel y lo terminaron llevando casi al exterminio. Incluso una cuarta visión muestra a los hombres de Israel adorando al Sol, para no creerlo.

 

 

LAS COSAS NO HAN CAMBIADO MUCHO

 

En la actualidad, las cosas siguen igual, mientras el pueblo de Dios se debate entre sus deseos de servir al Señor, quiénes deberían de estar haciéndolo pasan su tiempo dándolo todo a otros dioses entre quiénes están ellos mismos. El pueblo de Dios languidece mientras tolera e incluso propicia prácticas de desprecio y burla por la santidad del Señor.

 

Al igual, como sucedió con Ezequiel, la posibilidades de ser severamente disciplinados por Dios a nivel personal y congregacional siempre se mantienen latentes a menos que, las abominaciones sean quitadas de nuestro corazón, pero de las partes más ocultas de este.

 

 

 


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