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Exhortación - La ira

Estudios bíblicos

Exhortación y disciplina

 

La ira

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador








UN DIA DE FURIA

 

La ira es el enojo incontrolable, es el descontrol emocional, elevado a un grado que no da cabida a otra cosa más que a su manifestación sin importar las consecuencias. Y en cuanto a eso, la sociedad parece estar viviendo su día de furia. En las miradas, en las actitudes, las personas cada vez más están respondiendo a sus impulsos sin medir las consecuencias. En las calles, una sola acción sin importancia suele desencadenar en violencia que llega a la agresión y al maltrato físico, y en muchos hogares, los sentimientos son fácilmente desbordados hasta llegar al ataque físico o al abuso psicológico.

 

 

LA BIBLIA HABLANDO DE LA IRA

 

La Palabra de Dios, nos ofrece versículos que nos dan un panorama preciso de lo que se gesta en el corazón del hombre cuando se da lugar al enojo incontrolable. De entre todas estas citas, resalta el punto de vista del libro de Proverbios.

 

            La ira suele ir de la mano de la necedad. (Proverbios 12.16)

            La ira conlleva en su manifestación castigo y dolor para el que la expresa (Proverbios 19.19)

            La ira manifestada dirige sus dardos a lastimar completamente (Proverbios 27.4)

 

 

¿POR QUÉ LA IRA?

 

Es igual de importante conocer las consecuencias y manifestaciones de la ira tanto como el germen donde se genera, aprender de los errores y dolores de nuestro corazón, puede darnos el camino para enmendar lo pendiente para evitar que esto “active” la ira en el momento en que menos lo esperes.

 

1º. Números 24.10. Balac tres veces intenta maldecir al pueblo de Israel y tres veces el pueblo de Israel es bendecido por Balaam lo que provoca la ira del rey impío. La ira, entonces es consecuencia de la frustración por no lograr tener lo que se desea de manera ajena a la voluntad de Dios.

 

2o. 1 Samuel 20.30-31. Saúl atormentado por la amenaza que representa David para su trono se molesta con su hijo Jonatán por la solidaridad que muestra hacia David, incluso llegando a ofender la integridad moral de su heredero. La ira, entonces es consecuencia de la envidia provocada por la incapacidad de superar la mediocridad.

 

3o. Ester 3.5-6. Amán descarga su ira por la falta de reconocimiento idolátrico que él espera de Mardoqueo, por lo que vierte su furia contra el fiel Mardoqueo y su pueblo los judíos. La ira, entonces es consecuencia de no recibir lo que creemos que merecemos, aún cuando no sea así.

 

 

SI LA IRA ESTÁ PRESENTE

 

Tomando los puntos anteriores, debemos entender que el primer paso para desarraigar la ira es reconociendo la fuente de la misma, teniendo el valor de enfrentar los propios miedos, los abusos de la infancia, las cosas no obtenidas, los castigos injustos y cualquier cosa que sea el combustible del fuego del enojo incontrolable.

           

Una vez hecho esto, tenemos que entregar en las manos de Dios, la fuente del fruto de la carne que es la ira e imitar el ejemplo de Cristo.

 

 

CRISTO Y LA IRA

 

Cristo fue rechazado desde su nacimiento, no teniendo las condiciones mínimas para asegurar un nacimiento saludable (Lucas 2.7), predicando el reino de Dios, fue expulsado de la sinagoga de su propia ciudad de crianza (Lucas 4.29-30). Sus milagros propiciaron incluso un repudio a su labor de atraer al hombre a Dios. (Mateo 8.34). Durante su muerte, sus cercanos amigos prefirieron la distancia del anonimato a la cercanía del compromiso  (Lucas 23.49). Su resurrección, prueba innegable de su Señorío y eternidad, fue tomado con incredulidad (Mateo 28.17).  

 

Lo anterior y muchos motivos más eran material suficiente para anidar en Cristo el sentimiento destructivo de la ira, para buscar una justa retribución en los que le lastimaron, y sin embargo, solo les dio amor, es más, lo sigue dando. ¿Cómo se logra eso?

 

Sencillo. Perdonando:

 

Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

Lucas 23.34

 

 

¿PUEDO O NO?

 

El enojo forma parte de las emociones humanas que Dios dio a nuestro corazón, es una manifestación que nos permite marcar un rechazo hacia alguna cosa o persona, el enojo ayuda a la definición de nuestra personalidad y al reforzamiento de nuestros principios, pero, por ningún motivo, debo permitir que este enojo tome el control de mis sentimientos y de mi raciocinio, si lo permito, aunque no me parezca a veces agradable estaré siendo responsable de la comisión de un pecado delante del Señor

 

 

 


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