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Exhortación - El recordatorio y la amonestación

Estudios bíblicos

Exhortación y disciplina

 

El recordatorio y la amonestación

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador










EL PECADO, NUESTRO GRAN ENEMIGO

 

Para entender el sentido que se le dará a este tema es importante señalar que se encuentra inscrito en el contexto de lo que es disciplina por lo que se le pide al lector que se adentre en este tema para lograr la mejor compresión posible, a pesar de ello, haremos aquí un pequeño extracto.

 

La disciplina es el conjunto de prácticas que evitan que el pecado llegue a la vida del creyente y que esto lo aleje de Dios, o que corrigen el daño que la presencia del pecado haya provocado para que el creyente recupere su comunión con Dios. Bajo este enfoque, sin lugar a dudas no es difícil ver con claridad que, la disciplina cristiana persigue al menos dos propósitos prácticos: restaurar el alma del creyente y mantenerlo en condición de santidad para que pueda vivir la plenitud espiritual que le permita estar en permanente comunión con Dios.

 

La disciplina puede ser de dos tipos, preventiva si trata de evitar la presencia del pecado y correctiva si es que el pecado ya llego a la vida del creyente. Los dos aspectos que hoy nos ocupan tienen que ver con la disciplina preventiva.

 

 

EL RECORDATORIO

 

La acción de “recordar” está íntimamente ligada con la acción de la exhortación y, como acción disciplinaria aparece únicamente en una cita de la Biblia que es 2 Timoteo 2.14:

 

Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes.

 

Pablo, al líder en formación Timoteo le dice que, haga “recordatorios” a los creyentes pero que lo haga con una fuerte exhortación lo que implica que era una fuerte amonestación pero, cabe la pregunta: ¿recordarles que? Obviamente, la respuesta nos la puede dar el contexto del pasaje.

 

En los versículos anteriores primero, Pablo le hace hincapié a Timoteo de la importancia de que el creyente debe llevar una vida de acuerdo al llamado que tiene de parte de Dios (2 Timoteo 2.4), luego de esta recomendación, el apóstol le insiste a Timoteo que siempre sus pensamientos sean teniendo a Cristo en el centro de su vida (2 Timoteo 2.8) para, finalmente, recordarle a Timoteo que los cristianos  viviremos y reinaremos con Cristo para terminar resaltando la fidelidad de Dios (2 Timoteo 2.13).

 

Esto es lo que debe recordarse, estos tres principios básicos. Ahora, la pregunta que nos resta es, ¿cuando se debe recordar la santidad, la importancia de Cristo y la fidelidad que nos muestra? La respuesta es clara: cuando el cristiano corre el riesgo de enrolarse en debate que lo único que provocan es un deterioro espiritual de quiénes los están escuchando lo que puede terminar alejándolos del propio Dios.

 

Finalmente, en cuanto al recordatorio debido al tenor de lo que se quiere prevenir es bastante obvio que se refiere a una medida disciplinaria correctiva que usualmente se hace de manera pública en los cultos de la iglesia.

 

 

LA AMONESTACIÓN

 

Otro tipo de disciplina preventiva es la amonestación que es sinónimo de la palabra advertencia cuya idea se entiende claramente, es la idea de expresar ideas señalando con toda claridad un peligro inminente que se encuentra por llegar a la vida del cristiano.

 

La amonestación como medida de disciplina preventiva se encuentra en las siguientes citas de la Biblia:

 

A quien nosotros predicamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre.

Colosenses 1.28

 

Con la cita a la vista respondamos las dos preguntas que nos importan ¿A quién va dirigida está disciplina? y ¿en que casos se aplica? Primero notemos que esta medida de disciplina preventiva persigue el propósito de que el creyente entienda perfectamente el papel que Cristo debe desempeñar en su vida y, se aplica en los casos en donde una necesidad general se detecta en la iglesia lo que llevaría esta disciplina a ser de aplicación pública e impartida por el maestro al que Dios esté usando en la predicación de la Palabra, pero por el tipo de necesidad que ataca es bastante obvio que también puede ser aplicada en conversación personal donde alguien está perdiendo el entendimiento de lo que Cristo es en su vida lo haría que también fuera de aplicación práctica de los labios de un consejero.

 

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo.

Colosenses 2.8

 

Esta disciplina de carácter público debe emplearse cuando se detecten rasgos de filosofía humanista en el pensamiento de la iglesia e incluso puede dirigirse de manera personal cuando, alguna de estas filosofías ha germinado en el corazón de una familia o de un miembro de la iglesia.

 

También os exhortamos, hermanos, que amonestéis a los que andan desordenadamente, que confortéis a los de poco ánimo, que soportéis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.

1 Tesalonicenses 5.14

 

En este caso la amonestación es de carácter personal y se debe dirigir en casos de indisciplina, de falta de orden en cualquier área de la vida y en el caso de los que andan de manera “ociosa” sin hacer nada de su vida espiritual dejándose llevar por los lineamientos de la carne. Ahora, aquí surge un detalle importante, debe observarse que, en este caso la amonestación no está específicamente dirigida por los líderes de la congregación sino que puede ser ejercida entre los mismos hermanos unos a otros, pero, para ello, queda claro que esto debe ser bajo la base de información que sea completamente cierta y, la amonestación no puede ni debe estar carente de las expresiones de amor que solo entre cristianos se pueden dar,

 

Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.

2 Pedro 3.17

 

Finalmente, esta amonestación pública de parte de Pedro y por ende de quién dirige una congregación va dirigida en el caso de que se empiecen a manifestar en enseñan o conducta errores propiciados por personas malvadas que pretenden alterar la comunión de la congregación.

 

Son pues estas dos herramientas, instrumentos que Dios nos dejó para poder prevenir que, en nuestras congregaciones se infiltre el pecado.

 

Que la gloria de nuestra disciplina sea para el Señor, consumador de aquellas cosas que nos mantienen siempre cerca de Él.

 

 

 


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