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Evangelismo - Lo que es la salvación
 

Estudios bíblicos

Evangelismo y discipulado

Lo que es la salvación

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Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador


 

 

 

 

 

 

 

 

 


LOS COMIENZOS PARA ENTENDER EL SIGNIFICADO

 

La historia de Adán y Eva contada millones de veces desde su registro escrito en el libro de Génesis, ha sido analizada hasta tal punto que para cualquier cristiano es común tener memorizados los aspectos más importantes de la misma. Pero es importante retomar esta historia para adquirir de ella un aspecto pocas veces estudiado.

 

Estudiaremos la salvación del alma humana, lo trascendente del hombre, lo que rompe las ligaduras del tiempo, lo que nos hace diferentes al resto de la creación de Dios, lo que nos permitirá seguir existiendo en otro plano y con otra naturaleza en la presencia o fuera de la presencia de Dios.

 

Pero, para que exista la salvación, debe existir un peligro. Sin cadenas no hay esclavitud. Sin temor no existe la angustia. Sin rencor no germina el odio. La salvación en consecuencia, puede ser entendida solo si analizamos de que cosa nos libra, que nos evita, de que nos aleja. Esa clave de lo que somos salvados, la podemos encontrar en el huerto del Edén.

 

 

EL CAMINO DESPRECIADO

 

En el huerto del Edén el hombre fue colocado para experimentar las bendiciones de Dios quién se preocupó por suplir los aspectos fundamentales en la vida de su máxima creación. Muchos de estos aspectos pueden extraerse de una lectura detallada de Génesis 2.9 que no haremos en este estudio y que recomendamos al lector que lo haga.

 

El hombre quedo en el huerto con el mayor regalo que Dios le pudo dar: la capacidad de acceder a una libertad moral lo que en teoría debía llevarle a una adoración voluntaria a Dios. Este regalo puede ser comprendido a la luz del comentario que a la misma cita se hace en la Biblia Reina Valera de estudio de 1995:

 

"El árbol del conocimiento del bien y del mal. Para comprender esta expresión es conveniente tener en cuenta, en primer lugar, la costumbre hebrea de abarcar una totalidad mencionando únicamente dos términos extremos y opuestos (Véase Gn. 1.1 nota b). Esta frase se refiere no solo al conocimiento intelectual, sino que también puede incluir las ideas de la elección, discernimiento e incluso el dominio. Por tanto, conocer el bien y el mal equivale a decidir por cuenta propia y con absoluta independencia que es bueno y que es malo, es decir, tener plena autonomía en el campo moral Df. Gn, 3.22".

 

Además de esto, Dios le otorga la capacidad de la inocencia moral, la bendición de tener puro el razonamiento, libre de motivaciones malignas lo que les permitía entre otras cosas estar desnudos sin la menor de las vergüenzas (2.25) en el sentido de tener una comunión íntima entre ellos y con Dios sin la menor barrera que impidiera una comunicación abierta y transparente.

 

Miremos al hombre. Camina por el huerto. Es una criatura con un cuerpo y con un código genético perfecto, sin posibilidad de enfermarse, de envejecer; sin posibilidad de decadencia alguna. Es eterno, vivirá por siempre sometido al Creador, una relación en torno a su Creador. Tiene un entendimiento perfecto y un conocimiento que jamás hombre alguno podrá tener; es lógico está cerca de Dios, muy cerca. Su corazón está libre de malicia para poder juzgar su entorno desde un punto de vista que le permita saber perfectamente lo que no es santo.

 

 

Y DE PRONTO APARECE LA SERPIENTE

 

Satanás se presenta al hombre desacreditando a Dios y le ofrece que se ocupe de un culto en torno a él mismo, al hombre, un culto a la criatura dejando a un lado al Creador. El truco de Satanás en la serpiente fue convencer a Adán y a Eva que ellos no necesitaban de Dios para tomar sus decisiones, hacerles creer que estaban listos para actuar sin él, cuando la realidad es que si estaban listo era por estar con él.

 

Entonces la serpiente dijo a la mujer:

No moriréis. Pero sabe Dios que el día que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios,

 conocedores del bien y del mal.

Génesis 3.4-5

 

Miremos al hombre caído. Su cuerpo ya no es eterno, envejecerá, se enfermará y finalmente morirá. Conforme pasen los años su calidad de vida disminuirá y dejará de ser gradualmente. Su entendimiento ya no es perfecto porque sigue ya sus imperfectos criterios  y no solo los criterios de Dios. Su corazón se ha cargado del deseo de hacer lo contrario a las normas de Dios. El hombre ha quedado sin la capacidad de hacer el bien, con un corazón que tiende a lo malo. ¿Que puede esperarse de él?

 

 

LA SALVACIÓN

 

El hombre pues, queda a merced de la comisión de su concupiscencia, esto es del pecado.

 

Porque la paga del pecado es muerte

Romanos 6.23

 

Salvación es la obra sobrenatural llevada a cabo por Dios por medio de la cual él acepta como ofrenda por el pecado el sacrificio de su hijo en la cruz, con lo que queda anulada la culpa del pecado y sus consecuencias espirituales.

 

Eso es ser salvo.

 

Miremos al hombre salvado. Ha recuperado la capacidad de hacer el bien gracias a la ayuda del Espíritu Santo. En consecuencia, puede restituir un culto centrado en el Creador de nueva cuenta. Es capaz ya de renunciar a sí mismo para seguir los sublimes motivos que le mande su Señor. Es capaz de volver a la comunión íntima con él para no volver a ser avergonzado. Su corazón ya no está encadenado a lo malo, puede quedar encadenado al Señor.

 

¿Qué puede esperarse de él?

 

Amado Dios:

Gracias por la bendición de la salvación

 

Gracias porque ya no hay metas imposibles de alcanzar, gracias porque me dejas en la posibilidad de superar mis propias limitaciones. Gracias porque tu diaria acción en mi vida puede desatar una acción transformadora que equilibre mi temperamento para demostrar lo que puedes hacer, que enriquezcas mis sentimientos para poder comprender y amar en verdad, ya no más a mi mismo, sino a los demás.

 

Gracias, por una nueva relación contigo que queda como en el huerto bajo mi responsabilidad el cuidarla, renovarla, enriquecerla y practicarla.

 

Gracias porque la ayuda perfecta y la comunión íntima me la regalas con solo una oración.

 

Pero sobre todas las cosas.

 

Gracias porque tu pagaste el precio. La salvación de mi alma, mi seguridad eterna costó un incalculable precio de sangre. Soy salvo si, pero a cambio, tu vida perfecta se vistió de dolor. Tu santidad se reveló a la criatura y a cambio esta te coronó con hiel, golpes, puntapiés, puñetazos y odio cuando solamente lo que querías en los días de tu carne era volver a caminar de la mano con tu criatura por los senderos del Edén.

 

Nunca olvidaremos las tinieblas, el cuerpo jadeando, los pulmones estallando y el corazón perdonando.

 

Gracias y ayúdame a ocuparme con temor y temblor de la segunda oportunidad que me has dado al género humano. No la volveremos a desperdiciar.

 

No más.

 

Te ama.

Tu hijo.

 

 

 


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