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Análisis de la Biblia - Nimrod y la torre de Babel
 

Estudios bíblicos

Análisis de la Biblia

 

Nimrod y la torre de Babel

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador


 

 


LA CRONOLOGÍA DE GENESIS

 

El libro del Génesis se caracteriza porque en varios de sus pasajes no observa una cronología secuencial, o sea, los hechos no son presentados en el orden en que ocurren y, esto debe ser tomado en cuenta al interpretar ciertos pasajes como el que nos ocupa en este estudio.

 

Como antecedente diríamos que, es claro que, en los días de Peleg, fue repartida la tierra (Génesis 10.25) lo que implica que durante la vida de este personaje, los grupos humanos se distribuyeron en los distintos territorios que quedaron después del diluvio. Esto queda reforzados por el hecho de que en capítulo 10 se mencionan 3 veces palabras que hablan de división: “tierras”, “naciones”, “familias” y “lenguas”.

 

Esto nos lleva a la conclusión de que el capítulo 11 de Génesis sucede en realidad mientras son relatados los eventos de Génesis capítulo 10.

 

 

EL INICIO DE BABEL

 

Antes de Peleg, la tierra tenía “una sola lengua y unas mismas palabras” (Génesis 11.1) lo que implica que, la tierra tenía una posibilidad de unidad que pudo haber sido centrada en torno a Dios pero, al parecer los hombres lo planearon de una manera diferente ya que Dios dio la orden después del diluvio de “llenar la tierra” (Génesis 9.1) pero, los seres humanos, como una gran comunidad se establecieron en Sinar, eligieron desobedecer directamente la orden de Dios ya que, la voluntad del Creador la terminaron considerando como una amenaza: “por si fuésemos esparcidos” (Génesis 11.4).

 

Del mismo capítulo 10 podemos inferir que, el liderazgo de este grupo de hombres en quién vemos la supervivencia de la descendencia de la serpiente corrió a cargo de Nimrod, el primero poderoso de la tierra que vendió la idea de una unidad humana que diera poderío pero, con el riesgo de convertir ese poderío en soberbia y que es, lo que siempre sucede con cualquier intento humano de intentar unidad ya sea en el ámbito político, económico o militar.

 

 

UNA TORRE, UNA CONSECUENCIA

 

Los intentos del hombre consistieron en construir una ciudad, una torre y un nombre lo que básicamente era hacer lo mismo que Adán cuando pecó en Edén, actuar con independencia a Dios. Se cree que en esta ciudad se construyó una torre que en la cima tenía una cúspide donde estaban los cielos, en resumen, un lugar para adorar astros, planetas, estrellas, en suma; cosas creadas en lugar de adorar al Creador y, a través de una religión unificada, Nimrod pretendía gobernar el mundo conocido para resultar servil a Satanás.

 

Es curioso como las epopeyas babilónicas dictan que su ciudad fue edificada en los cielos con ladrillos que, en cada uno de ellos tenía grabado el nombre de su dios Marduk. Como llega a contrastar la soberbia humana con la humildad que conquista lo eterno.

Como sucedió con Caín en su momento, la mente de los hombres se vio embriagada por completo de las ansias de poderío ya que “nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer” (Génesis 11.6). Esto motivó la intervención de Dios quién confundió su medio de unidad, la lengua lo que propició que los hombres se esparcieran siguiendo la unidad de sus distintas lenguas pero, perdieron su imperio. Lo curioso es, que, finalmente, conservaron su nombre que terminó hablando no de grandeza sino de humillación ya que serán por siempre recordados como Babel, la ciudad “confusión”.

 

 

LOS MODERNOS CONSTRUCTORES DE TORRES

 

Aun cuando la unidad humana en busca de poderío alcanzará su clímax con el anticristo, espiritualmente hablando las cosas se mantienen bajo el mismo concepto.

 

Dios pide humillación ante su voluntad mientras el hombre busca desesperadamente hacer lo contrario a esta voluntad lo que termina expresando por medio de una clara actitud de soberbia en la cual considera que sus planes siempre serán mejor que los de Dios. La soberbia se puede volver incontrolable lo que puede destruir el alma y, es, lo que hace que Dios intervenga y, nos queda claro que la única manera de detener la soberbia es la confusión  lo que termina con nuestras torres de soberbia, con nuestros ridículos planes de lograr poder sin Dios.

 

El contemplar las ruinas de una vida destruida, un matrimonio resquebrajado, una estabilidad económica destruida y cualquier otro clase de ruinas, son el final espiritual para cualquier Nimrod que termina considerando que sus planes son, mucho más poderosos que los de Dios.

 

Que no sea ese nuestro destino.