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Análisis de la Biblia - Las maldiciones
 

Estudios bíblicos

Análisis de la Biblia

 

Las maldiciones

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador


 

 


DIOS VERSUS EL HOMBRE

 

En el Antiguo Testamento, Dios trataba de manera directa con el hombre, debido a que el proceso de revelación de su persona no se había completado; los profetas asumían el imperfecto rol que se perfeccionaría en Cristo y que después culminaría con la ejecución de los dones de revelación que una vez finalizado el mismo proceso, dejarían de ocupar un rol de preponderancia espiritual cediendo el paso a las virtudes de Cristo las cuales deben desarrollarse como una obligación del Hijo de Dios.

 

Este trato directo de Dios con el hombre antiguo, da otros matices a muchos pasajes de la Escritura. Por ejemplo, Moisés diciendo al Faraón: “Libera a mi pueblo ahora” era Dios directamente tratando con el rey de Egipto David increpando al gigante mercenario: “Yo vengo a ti en el nombre de Jehová. Dios de los ejércitos” era el mismo Dios en el valle, demostrándole a su pueblo que las promesas de protección suele cumplirlas hasta el final. De lo anterior, podemos entonces entender que cualquier cosa para bien o para, era directamente con Dios y no de manera ajena a él.

 

 

CUANDO LA MALDICIÓN ERA MALDICIÓN

 

Al contender el hombre con Dios, perdía todo derecho de bendición de parte de él, en consecuencia, quedaba en la condición de maldición. En este contexto tenemos que entender maldición como la ausencia total de bendición en una persona o cosa, lo que implica no solo destruir cualquier punto de bondad en ello sino también recibir una condición que impidiera el recibir cualquier cosa buena y por consiguiente recibir cosas negativas que podrían llegar incluso a la muerte.

 

Es por ello, que cualquiera que desobedeciera los mandamientos de Dios, de inmediato quedaba en esta condición. (Deuteronomio 21.22-23; 27.15-26). Además de ello se asume del análisis de los diez mandamientos (Éxodo 20.4) que la condición de maldición puede repercutir en las generaciones subsecuentes a la del pecador, lo que se vuelve una maldición generacional.

 

La parte importante es ahora determinar, ¿puede un cristiano sufrir un proceso de maldición de parte de Dios? ¿Las maldiciones generacionales pueden afectar al creyente salvo? Al menos escritores populares como Cindi jacobs afirman que así es, y escritores teológicos serios como Fred Dickason y Cerril Unger considerado uno de los mejores demonólogos cristianos coinciden en lo mismo, pero; ¿es así?

 

 

CUANDO LA MALDICIÓN, DEJA DE SER MALDICIÓN

 

De acuerdo a la afirmación de David en el Salmo 14, y de Pablo en Romanos 3, toda persona ajena al Señorío de Cristo, vive una maldición moral lo que corrobora con el hecho de que están bajo el control de su propio domino carnal y del sistema con el que Satanás tiene sometido al mundo.

 

Juan Amigó, escritor cristiano afirma: “Puesto que fue un ser humano, Adán quién peco transgrediendo la voluntad del Creador y son los seres humanos quiénes continúan pecando constantemente, debía ser también un ser humano, un segundo Adán quién expiara la culpa por el pecado. Pero la trasgresión es contra Dios, un Ser infinito; y ofender al ser infinito implica un castigo infinito, un castigo que únicamente un Ser infinito pagarlo. Y así, ante la imposibilidad de la raza humana de expiar su propia culpa y poder reconciliarse  de nuevo con su Creador, Dios en su amor infinito decidió pagar Él mismo el precio de su propia justicia. Decidió convertirse Él mismo en el segundo Adán” (Romanos 5.12-21).

 

Gálatas 2.20 nos identifica con Cristo, el murió por mí como si yo hubiera muerto con él.

 

Podemos unir las dos ideas: Estoy en Cristo, no con Cristo, lo que implica que el juicio y las maldiciones de Dios por rechazar la oferta de su amor, trasgrediendo sus mandamientos han quedado canceladas, han desaparecido. En consecuencia, el creyente goza de una condición permanente de bendición.

 

 

¿ENTONCES QUE PASA?

 

Si esto es así, entonces ¿porque a veces, el creyente no disfruta de una vida de victoria permanente al creer en Cristo?, y la parte más importante que contesta todas nuestras preguntas tiene que ver precisamente con lo que hicimos, creer en Cristo. ¿Qué implica creer en Cristo? Al menos implica las siguientes áreas: arrepentimiento, CONFESIÓN, RENUNCIACIÓN, conversión, aceptación, restauración y restitución Bajo estas condicionantes, retiramos completamente la presencia de cualquier cosa pecaminosa que favorece la opresión del maligno en la vida del creyente.

 

            ¿Hay pecados ocultos?

            ¿Hay cosas no confesadas a Dios que no he querido comunicarle?

            ¿He realmente renunciado a ser yo mismo quién controle mi vida?

 

 

POR SI ACASO

 

Al hacer esta valoración en nuestra vida, bien valdría por sí acaso, asumir una posición de arrepentimiento semejante a la que adoptó  Esdras al confesar su pecado (Esdras 1.4-6). Se arrepintió y confesó no solo los pecados de su generación, sino de las generaciones pasadas. Confesó no solo los pecados patentes, sino también los ocultos.

 

 

PARA QUE NOS ANALICEMOS

 

Regresando al inicio. En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios le dio su nación una advertencia de las cosas que sucederían si ellos le desobedecían (cayendo en condición de maldición), de ellas, tomamos tres apreciaciones acerca de lo que me pueden indicar lo que me puede estar pasando. Josué 7.13. No poder hacer frente a los enemigos. Deuteronomio 28.21. Condición de enfermedad inexplicable y Deuteronomio 28.28-40. Pobreza recalcitrante.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Amemos al que se hizo maldición por amor a nosotros y la mejor manera de hacerlo es consagrando todas las áreas de nuestra vida, pasado, presente y futuro para lograr esa condición REAL de más que vencedores.