Translate
Análisis de la Biblia - Caminar en el Espiritu
 

Estudios bíblicos

Análisis de la Biblia

 

Caminar en el Espíritu

 

Autor:

Hno. Marcos Porrini


 

 


Pienso en un hombre que hace siempre lo que a Dios le agrada. Pienso en un hombre que da gracias en todo, que ora sin cesar, que hasta en el más sutil de sus actos realiza los deseos de Cristo. Pienso en un hombre limpio, puro, imagen de Dios ante el mundo, puerta del Cielo…

 

De ese hombre digo que camina en el Espíritu. Toda la Biblia apunta hacia él, y si somos cristianos, entonces vemos en Jesús al más fiel ejemplo.

 

Les presento el modo de vida perfecto. Les presento el propósito de Dios. Les presento la ley y los profetas, y el evangelio del Reino. Les presento el fin de todo arte, de toda doctrina, de toda oración, de toda moral y de toda iglesia. Quien anda en el Espíritu es verdaderamente libre. No hay juicio sobre él, no hay condena, no hay siquiera mención de pecado, tampoco hay etiquetas ni definiciones. Quien anda en el Espíritu es como el viento, no importan su origen y destino sino solo su presente, su presencia, el efecto constante de su obra. Quien anda en el Espíritu no sabe de formas ni de límites ni tradiciones, él se mueve sobre las aguas; no busca innovar ni repetir, él se mueve sobre las aguas; no busca ser correcto, claro, simple ni complejo, él se mueve sobre las aguas…

 

Él es el que es.

 

Vemos a un Pablo que dice “ya no vivo yo, vive Cristo en mí”. Ya no vivo yo. Ya no vivo yo. ¿Cómo puede ser esto? ¿De qué clase de sueño, de hipnosis, de automatismo, de muerte estamos hablando? Ya no vivo yo… Vive Cristo.

 

Qué es ese yo, pregunto, y qué es ese Cristo. ¿Por qué uno vive y otro no? ¿Acaso no pueden vivir ambos?

 

Un Pablo que habla así es un Pablo que sabe. Este Pablo sabe quién es él y sabe quién es Cristo; sabe qué es vivir y sabe qué es morir para que el Otro viva. Este Pablo es un hombre perfecto. Él es el que es, y se mueve sobre las aguas…

 

Pienso en un hombre que no es un poseído, que no es robot ni marioneta. Este hombre es bien consciente de lo suyo, no desconoce sus propios deseos, temores, dudas, inquietudes, ansiedades, inclinaciones, gustos… Tiene bien en claro la naturaleza de lo suyo. Pero así y todo, proclama ante el Dios de los Cielos: Padre, todo lo mío es tuyo, y todo lo tuyo es mío. Ofrece a Dios todo lo que sabe que tiene, porque sabe también que así tendrá algo más elevado; puede decir en poesía:

 

Te lo entrego todo,

y quedo pleno

de todo lo tuyo

 

Puede entonces decir “Mi reino no es de este mundo”. Puede gozarse única y exclusivamente por ver su nombre escrito en la Eternidad…