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Análisis de la Biblia - Agar e Isamel
 

Estudios bíblicos

Análisis de la Biblia

 

Agar e Ismael

 

Autor:

Hno. Miguel Ángel Moreno Montoro

Administrador


 

 


AGAR E ISMAEL

 

Realmente son pocos los cristianos que no conocen la historia de Agar e Ismael. Los datos generales de esta historia son bien conocidos e identificados por los creyentes en Cristo. Agar, fue una esclava egipcia que, se asume, salió con Abraham después del tiempo que este pasó en ese país (Génesis 12.10-20). Esta sierva, fue ofrecida por Sara la mujer de Abraham para que este tuviera un hijo con ella (Génesis 16.2) lo que finalmente se logra pero provoca que Agar termine mostrando desprecio por Sara quién finalmente era su “ama” (Génesis 16.4).

 

Esta situación provocó tal reacción negativa de parte de Sara que, ante su presión Agar decide apartarse de la comunidad donde vivían (Génesis 16.6). De este exilio, el ángel de Jehová la hace volver (Génesis 16.9). Más tarde la situación se torna muy complicada ya que Ismael asume una actitud de burla en contra de su hermano Isaac (Génesis 21.9) lo que hace que Sara exija la expulsión de Agar e Ismael de la comunidad a lo que Abraham accede siendo para ello, autorizado por Dios (Génesis 21.12).

 

En un sentido general esta es la historia y es mucho lo que puede aprenderse de ella al tener involucrados a tantos personajes, tantos caracteres y tantos intereses de diversos tipos.

 

En nuestro caso, deseamos concentrarnos en el aspecto del tiempo que requirió que esta historia se consumase y, para llegar a esto, debemos tomar unas líneas para revisar este factor “tiempo” que iremos rastreando en la historia de este grupo de personas: Agar, Ismael, Abraham, Sara e Isaac.

 

 

EL FACTOR TIEMPO EN LA HISTORIA

 

Iniciaremos diciendo que, cuando Abram es llamado por Dios para apartarse de su padre quién había salido de Ur de los caldeos tenía 75 años. A esta edad se aparta Abraham de su padre quién ya moraba en la tierra de Harán. A esta misma edad Abram recibe ya la promesa de que tendría una descendencia que podría llegar a considerarse una “gran nación”.

 

En el tránsito de la historia, Dios vuelve a prometer a Abram descendencia (Génesis 13.15). Más adelante, de manera específica Dios le aclara a Abram que le daría un hijo (Génesis 15.4). A los 86 años de edad, Abram engendra a Ismael de Agar (Génesis 16.16). A los 99 años, Dios le ratifica a Abram el advenimiento de un hijo en su vida (Génesis 17.4) y, para hacer más firme la fuerza de su promesa, Dios le cambia el hombre por Abraham (padre de muchedumbres) y, establece con él el pacto de la circuncisión (Génesis 17.10). Cuando este pacto se establece, claramente se indica que Dios le anticipa a Abraham que, el nacimiento de su hijo sería un año después a partir de ese momento y, se le indica que, a este hijo por nacer deberá darle el nombre de Isaac.

 

Un poco de tiempo después, Dios se le aparece a Abraham cuando, en compañía de dos ángeles se apresta para destruir Sodoma y Gomorra y, nuevamente, Abraham recibe la ratificación de la promesa lo que provoca la risa de Sara quién muestra una gran incredulidad ante la promesa que Dios había venido haciendo al padre de la promesa: Abraham.

 

 

Si nos concentramos en el factor tiempo, nos daremos cuenta de varios detalles interesantes.

 

Primero. Abraham y Sara debieron esperar 25 años para que la promesa de Dios se cumpliera.

 

Segundo. Cuando solamente habían pasado 11 años desde la primera promesa de Dios, Saraí insistió en que Abraham tuviera descendencia con Agar.

 

Tercero. Si, Saraí insistió en adelantar el tiempo de la descendencia sería válido preguntarnos, cuantas veces ella optó por insistirle a Abraham sobre este mismo tema.

 

 

PLAN Y VOLUNTAD

 

Ya con el factor tiempo a la vista, podemos empezar hacer aplicaciones de esta historia para nuestra vida y, siendo tres los aspectos del factor tiempo que pusimos a tu consideración, daremos entonces tres aplicaciones a nuestro tema.

 

Aplicación 1. No podemos hacer nada para adelantar la voluntad de Dios.

 

Isaac llegó cuando Dios quiso, no cuando Abraham o Saraí lo desearon. Dios a todos los creyentes nos hace promesas pero, si revisamos tan solo dos de las más conocidas (Jeremías 33.3; Isaías 41.10) nos daremos cuenta que Dios siempre dice a quién le promete y que es lo que promete pero jamás dice cuando lo manifestará.

 

Aplicación 2. “Apresurar” las bendiciones de Dios siempre provoca malas consecuencias.

 

Bajo la lógica de que Dios es perfecto y solo desea darnos lo mejor para nosotros (Jeremías 29.11) entonces, debería quedarnos claro a los cristianos que, no debemos ni podemos hacer nada para apresurar las bendiciones de Dios. Cualquier cosa que hagamos en este sentido siempre, siempre producirá cosas que, a la larga generarán un mal mayor que un bien mayor. Recordemos que, los descendientes de Ismael son los pueblos árabes que, siempre estarán en contienda con el pueblo de Israel hasta el final de los tiempos.

 

Aplicación 3. Dios desea que sus hijas, puedan determinar la influencia de sus emociones.

 

La mujer cristiana debe entender la importancia de controlar sus emociones porque estas pueden influir su conducta para llevarla a realizar acciones que no agradan a Dios. La mujer, sabe sentir con intensidad pero, con la misma intensidad tiene la capacidad de convertirse en una fuerza que desespere por completo al varón y lo lleve a consentir en realizar cosas que traigan para los dos consecuencias malas que los acompañen por siempre.

 

Finalmente, entendamos algo. En ocasiones el hecho de que ciertas cosas sean “permitidas” con Dios no quiere decir que Dios las apruebe. Pensemos en el divorcio. En ocasiones, esta decisión no va en contra de la voluntad de Dios aun cuando no forma parte de su plan original.

 

La llegada de Ismael, no era parte de la voluntad de Dios, pero nunca fue en contra de su plan original ya que Dios decidió escuchar a Abraham y no pudiendo negarse a sí mismo, tenía que bendecir a cualquier simiente de quién eligió para ser de bendición.

 

Es importante que, todos los cristianos puedan entender esta relación entre plan y voluntad de Dios para que no entendamos incorrectamente las cosas que nos pasan y no usemos el mal manejo de estos conceptos como un pretexto para poder justificar decisiones que, nunca debieron haberse tomado.

 

Por sobre todo, no olvidemos la contundente sentencia de Gálatas 6.7.