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Mujer

Reflexiones

No sé como pedir amor

 

Autor:

Alejandra Stamateas



 


Ustedes saben que los seres humanos no nacemos amando, no nacemos sabiendo amar; el amor se aprende. ¿Y cómo aprendemos a amar a los demás? A través de las experiencias que hemos vivido en nuestra vida.

Por ejemplo: ¿se acuerdan ustedes si sus papás eran de besarse, de hacerse caricias, de decirse palabras lindasí Algunas sí, algunas no. Había padres que por ahí tenían la costumbre de decirse cosas lindas, de besarse delante nuestro, de tener gestos de cariño, de amor; y hay otros que nunca vimos un acto de amor; era más bien una relación distante. Y de ahí también aprendimos de lo que se hacía y de lo que no se hacía. Si tuvimos padres que no eran afectivos, nos va costar tal vez mucho demostrar amor.

Hemos aprendido también el amor con respecto a las amistades; cómo veíamos a las parejas amigas; cómo se demostraban afecto, cómo se demostraban amor. Hemos aprendido acerca del amor a través de la televisión, a través de las novelas.

Hemos aprendido el amor. No es algo que surge de pronto; el amor lleva un proceso de aprendizaje. Vamos aprendiendo a lo largo de toda nuestra vida a amar. Y lo que nos cuesta muchas veces a
las mujeres es pedir actos de amor. Nos cuesta mucho decirle al otro cómo queremos que nos ame; creemos que el otro nos tiene que amar a primera vista, como hemos visto en el cine, en las telenovelas. “Me tiene que amar, le tiene que salir, tiene que saber lo que quiero, tiene que saber lo que me gusta.” El otro tiene que tener como una ‘bola de cristal’ y saber lo que a mí me gusta… ¡Mentira!

Y muchas veces no nos atrevemos a pedir amor; a veces porque creemos que pedir amor es rebajarse: “Ah no; si yo le tengo que pedir que me regale flores, eso es rebajarme; a él le tiene que salir naturalmente.” ¿Cuántas piensan así?

Piensan que pedir amor, pedir un acto de amor, es rebajarse.
“Ah no; si a él no le sale espontáneamente regalarme bombones, es porque no me ama; yo no se lo tengo que ir a decir.” Y hay otras mujeres que no piden actos de amor, porque no saben cómo quieren ser amadas.

Y si yo no sé -porque nunca he visto el amor- no sé cómo quiero que me amen, qué es lo que quiero que me digan, qué es lo que quiero que me den, qué es lo que quiero que me ofrezcan en una pareja, no lo sé. Otras veces, hay muchas
mujeres que creen que no se merecen recibir nada.

Vamos al primer grupo de
mujeres, las que creen que pedir un acto de amor es rebajarse. Son las mujeres que dicen que el amor tiene que surgir espontáneamente. “Y sí; yo quiero que mis hijos me den un beso; a ellos les tiene que surgir; soy la madre… ¿Qué? ¿No se dan cuenta que me tienen que dar un beso?” ¡No! Se lo tengo que pedir.

 

Hay mujeres que dicen: “No, no, no… yo quiero que me hagan una fiesta de cumpleaños, pero que sea sorpresa, que a ellos se les ocurra.” Se lo tenés que pedir. Porque si vos no hablás, si vos no pedís lo que querés, el otro no sabe, o se hace el vivo y tampoco te lo da.

 

Entonces hay que recordar todo el tiempo cómo querés ser tratada, cómo querés ser amada; porque si no le decís a los demás cómo querés ser tratada y amada, los demás te van a ver de acuerdo a los que ellos creen que vos te mereces… algunos creerán que te mereces más y otros creerán que te mereces menos. Por eso: no dejes en manos del otro el decidir cómo vos querés ser amada. Porque, querida mujer, vos no sos ‘inquilina’ de tu vida… vos sos la dueña de tu vida.

 

¿Cuántas hacen el amor acá? ¿Cuántas tienen relaciones sexuales?

Entonces, vos haces el amor y tu marido eyacula; y se duerme y vos no tuviste orgasmos; y vos decís “¿qué será eso? ¿qué es un orgasmo?” Decís: “quiero tener un orgasmo alguna vez en mi vida; ¡no he tenido ninguna ‘noche buena’! Quiero tener un orgasmo, y él se tendría que dar cuenta…”. No; no se da cuenta que vos querés, porque vos nunca se lo manifestaste; y él cree que vos estás feliz con él, y vos nunca le dijiste nada.

 

Y decís: “¿para qué se lo voy a decir? Él es tan… tan bestia es, que no se da cuenta; ¿puede ser tan bruto que no sepa que necesito también tener placer?; ¿puede ser tan ignorante que no se dé cuenta de mi necesidad?; ¿puede ser tan desagradecido, con todos los años de amor que le di?”

 

El hombre no te responde porque vos nunca se lo manifestaste; y a los hombres hay que decirles, y volverles a decir, y volverles a decir, y volverles a repetir las cosas. Si vos querés tener un orgasmo decile: “viejo hoy me vas a esperar hasta que lo tenga”, porque si no se lo decís, él no se enteró nunca. ¡¿Cuántas están acá y no se asustaron?!

 

No puede ser que vos sigas pensando que la gente se tiene que dar cuenta. La gente, con los dramas que tiene hoy, no se da cuenta de tu necesidad. Entonces vos tenés que expresar, tenés que decir, vos tenes que hablar. Porque si vos no se lo decís, después te queda la sensación: “y… viste, nadie me ama; yo quería una fiesta de cumpleaños y nadie me lo hizo…” Pero si vos no lo pediste, si vos no dijiste nada…

 

“Y, yo quería que me regalara flores, pero no me trajo; se las regaló a la madre, y a mí nada… siempre quiso más a la madre que a mí; yo sé que no rompió el cordón umbilical”… ¡pero vos no se lo dijiste!

 

Hay otras mujeres que no piden porque no saben qué pedir, porque son mujeres que creen que no se lo merecen. Son esas mujeres que dicen: “qué le voy a pedir al gordo… bastante que me eligió a mí; qué le voy a exigir, si viene cansado del trabajo, encima que yo tenga un orgasmo… que se descargue él y listo.”

 

“Y usted, ¿qué sueldo pretende ganar?” “No sé… lo que quieran, lo que se le ocurra…” “Y… ¿cuánto cuesta el trabajo que usted hace?” “No sé… póngale usted un precio.” ¡No saben cuánto valen!

 

“Vieja ¿vamos a comer afuera o comemos en casa?”…, y ¿dónde terminan comiendo…? ¡En casa! Ella tenía la oportunidad de decidir, de hablar, y sin embargo vos decís: “qué le voy a pedir, qué le voy a exigir; el viejo bastante que se esfuerza.”

 

Seguís viviendo como una inquilina de tu vida, que no te conoces a vos misma y que siempre priorizas a los demás, siempre las necesidades de las demás; vos se las cumplís a todo el mundo, pero las tuyas ni siquiera las conocés. Por eso: tenés que empezar a conocerte vos misma, a tener contacto con vos misma; a decir “¿cómo me siento frente a esto?

 

¿Estoy contenta con mi vida sexual? ¿Estoy contenta con mi vida matrimonial? ¿Estoy contenta con mi vida económica? ¿Estoy conforme con mi vida espiritual?” Y tenés que analizar todo eso; porque algo hay que cambiar; y si hay que cambiar, no le corresponde al otro; te corresponde a vos, porque vos sos dueña de tu vida.

 

Sino la gente te va a dar lo que cree que vos merecés, lo que a ellos les parece. La gorda se conforma con dos mates que tome con ella a la mañana, antes de ir al trabajo; después ya no me molesta más en todo el día.” ¿Vos te conformas con tomar dos mates con tu marido y que en todo el día no pase nada más…? Pero tu marido se cree que vos estás conforme, porque vos nunca le expresaste nada.¡Pedílo! Si querés otra cosa, pedílo. Aprendé a pedir.

 

¿Y Cómo se Aprende a Pedir?

 

1. “Tengo derecho a pedir”

 

Eso en primer lugar; porque hay mujeres que creen que no tienen derecho a pedir. “¿Y qué más voy a pedir? ¿Y justo a mí? Si yo con todo lo que pasé, con lo que viví, lo que le hice sufrir…” Tenés derecho a pedir, y el otro tiene derecho a dártelo o no. Todos tenemos un derecho; vos podés pedir; el otro te puede decir que sí, o te puede decir que no. Porque tiene derecho a decirte que sí, o a decirte que no.

 

Ahora bien: tu pedido nunca tiene que estar atado a la respuesta. Tu pedido es tu pedido, independientemente de la respuesta. Vos siempre tenés que esperar un sí; pero tu pedido lo tenés que hacer. Cuando el otro te contesta no, no importa; estate contenta porque pediste. Y si el otro te contesta que sí, estate contenta porque pediste… ¡y encima te dijeron que sí! Pero tenés derecho a pedir. Decí: tengo derecho a pedir.

 

Vos tenés que decir: “yo lo pido; si me lo dan, bien; y si no, buscaré por otro lado.” Decí: yo lo pido, yo lo pido, yo lo pido. Y si te lo dan, bienvenido; y si no, seguiré buscando por otro lado.

 

2. “Tengo que ser clara y específica”

 

A veces no recibimos, porque pedimos mal; no sabemos cómo pedir. Hay que pedir específicamente. Vos no podes dar vueltas: “…tengo taaaanto calor… qué calor hace en este lugar… y yo, encerrada todo el día; encerrada en la casa; cómo me gustaría…” ¿Qué querés pedir? ¡Pedilo específicamente!: “quiero que me vayas a comprar un kilo de helado, mi amor.”

 

El gran problema es que a los demás no les queda claro qué es lo que querés porque las mujeres somos ‘vuelteras’: en vez de pedir algo específico, le damos vuelta, y vuelta… “¿se lo digo o no se lo digo…?, ¿lo hago o no lo hago…?” “Mirá: yo quiero que me des amor; pero a veces me acuerdo de mi ex-novio; quiero que me ames pero a la vez quiero que me ame el otro”, y nunca le decís nada en claro. Tengo que ser clara. Tenés que ser clara cuando pedís.

 

Específica y clara, para que el otro no dude acerca de lo que vos querés. “¿Qué querés que te regale?”  “No sé… me gustaría un vestido rojo; pero a la vez me gustaría uno verde; pero a la vez me gustaría una flor para la cabeza; un par de zapatos…” ¡No! Sé especifica; no des vueltas.

 

3. “Tengo que pedir sabiamente”

 

Aprendé a pedir en el momento correcto.

 

A veces no nos dan porque pedimos en el momento incorrecto. Si vos le vas a pedir un beso a tu hijo adolescente, justo cuando está con el resto de sus amigos… fuiste. Vas a salir mal parada, por no buscar el momento correcto. Porque a los adolescentes lo que menos les gusta es que les hagas pasar papelones frente a los amigos; no les gustan las manifestaciones de cariño; te echan… ¿te diste cuenta? Y no es que no te aman; es que pediste algo en el momento incorrecto.

 

Pedíselo en el momento correcto, pero pedíselo: “quiero que me des un abrazo, hijo; me encantaría que me des un abrazo; sabés que hoy necesito un abrazo tuyo.” Pedíselo; no tengas problemas. Sabiamente y específicamente: un beso o un abrazo… ¿me entienden?

 

Pedí con optimismo, como si siempre los demás te van a responder que sí.

 

Porque, queridas mujeres, la actitud en la vida es fundamental. Yo vi un vestido hecho por un buen diseñador. Entré a la casa del diseñador, a su negocio, y le dije: “éste vestido me encantó.” Fui a la semana siguiente y le dijimos: “¿lo podés prestar para el programa de ‘Utilísima’?” ¡Y me dijo que sí! Me podría haber dicho que no; pero sin embargo me dijo que sí. ¿Sabés por qué? Porque me atreví a pedir. Así que, cada vez que vos vayas a pedir algo, siempre andá con la actitud de un sí.

Si vos pedís algo y decís: “yo sé que no me lo vas a dar…” ¡fuiste! Porque vas negativa; tu actitud es negativa. “¡Che, tonto, dame eso que te pido!” tampoco te van a dar nada. Si vos decís: “¡acá yo tengo derecho!” porque hay mujeres que usan mucho el mangazo, que es diferente. Una cosa es pedir y otra cosa es manguear. Yo no te estoy hablando de manguear, de ir a cualquiera y decir: “vos me tenés que dar, porque al final sos una hermana en Cristo, ¿cómo no me ayudás?” Eso es manipulación; no aceptes manipulación de nadie en la vida; porque vos tenés derecho a decir que no o a decir que sí; pero por tu propia voluntad, no porque te manipulan. 

 

Si vos sos una sargento manipulando a los demás, o pidiendo, exigiendo a los demás que te den, nadie te va a dar; porque todo es cuestión de actitud.

 

4. “Tengo que celebrar y ser agradecida”

 

Y por último; cuando hayas pedido; hayas sido sabia y especifica; hayas esperado siempre un sí, y lo hayas hecho con mucho tacto: celebrá lo que recibís y agradecé.

 

Hay mujeres a las que le dan algo y dicen: “hmmm… ya era hora; años esperando que me lo dieras; por fin te acordaste, al fin te diste cuenta.” “Vamos a ver ahora, a ver si me das lo que te pedí, o me das menos”… siempre con un reproche. Y el reproche no sirve.

 

Si vas a celebrar, vas a agradecer, hacelo bien. Porque cuando vos agradecés, vos dejás grabado en el otro lo que sí te gusta. No es cuestión de estar todo el tiempo diciéndole al otro: “no, pero al final era hora, era lo que tenías que hacer…” No. Agradecé y celébralo; porque al otro le va a quedar grabado: “me hizo bien que me agradeciera; le gustó lo que hice.”

 Porque cuando uno da algo, le gusta que al otro le guste, que el otro esté feliz, que el otro esté contento. Tenés que ser una mujer agradecida. El agradecimiento siempre te trae fruto.